Un día a principios de diciembre, no recuerdo exactamente de qué año, entre 2002 y 2004, realizamos el pesebre de la alegría. Fue una jornada de risas y alegría, comíamos bocadillos y brindábamos con sangría mientras trabajábamos, de pronto un trozo de fruta no despreciada no maridó con la sangría causándome un estado de alergia inducido. Recuerdo que asumí control de la dirección en la realización del pesebre, algo inusual en mí, acerqué una poltrona me senté y comencé a impartir órdenes a todos, fue un rato memorable pleno de jocosidad. Luego llegó el momento de colocar las figuras para dar vida al pesebre fuimos por las figuras y como una gran familia casi una veintena de personas enfiladas de una fueron colocando las figuras en el sitio asignado. Iniciamos en torno a la 1 p.m. y finalizamos al día siguiente a eso de las 2:30 a.m., lavamos los pisos del porche y el garaje incluso la calle hasta la alcantarilla del drenaje a media cuadra. descansamos admirando y evaluando nuestra creación e inconscientemente fijar este agradable recuerdo para la posteridad, un recuerdo que incluyó por supuesto el efecto del paupérrimo maridaje de la sangría y fruta en el director del evento, experiencia inolvidable. ¡Añoro repetirla!
NOTA: la puerta que comunica directamente la casa con el garaje quedó clausurada hasta que alguien tomó valor suficiente para desmontar el pesebre 4 años después.