Hola steemians, acá les dejo una parte de mi vida, así me conocen un poco más. La típica vida que lleva un gay de closet. Espero se diviertan y aprecien lo difícil que es vivir en sociedades homofóbicas. Tal vez algunos se sientan identificados. Realmente se ha avanzado bastante, pero aun queda un largo camino por recorrer.
Desde que tengo memoria he sabido que soy homosexual. Desde que imaginaba a mis compañeros de la primaria besándolos. Desde que me atraían los protagonistas de las telenovelas que veía mi mama, "Pasión de Gavilanes", uff! Desde que veía películas para adultos e ignoraba completamente a la chica. Mi vida siempre fue un círculo de estas cosas, obvio de manera oculta. Existía una que otra sospecha pero nada de qué preocuparse. Tiempo después apareció un típico tema, el tema que a todo gay desestabiliza al no saber que responder, el de “cuándo tendrás novia”, la típica pregunta, y más viniendo de una familia de varones donde todos mis hermanos tenían novias casi al nacer.
Preocupado por este tema, llego algo a mi vida, algo que me salvo de esto, pero a la vez me hundió mas, pero de otra forma. Lo que llego es que decidí ser “cristiano evangélico”, no por escapar de esto (tal vez si de una manera inconsciente), realmente estaba en eso porque me gustaba ir a la iglesia. Fue perfecto, porque la iglesia no apoya el sexo antes del matrimonio y tampoco era bien vista las relaciones esporádicas. Era mi excusa perfecta para decir que no tenía novia.
Pero la iglesia cambio mi pensamiento filosófico. Entonces aparte de no ser socialmente aceptado, tampoco era aceptado para Dios. Empezaron los conflictos nuevamente, ya que no era correcto imaginar a tu pastor de jóvenes desnudo, ver porno gay, o que te atrajeran hermanos de la iglesia. Pensaba que estaba endemoniado. Pase 7 años de mi vida llorando y orando a Dios para que me cambiara, y lo más triste es que solo podía recorrer a eso, no podía contarle a nadie. Estaba solo.
Un día que fui a comer hamburguesas (amo las hamburguesas con mi vida), eso fue hace como 6 años. Mi hermano tenía mi celular y yo tenía un vídeo allí que no recordaba, y bueno… solo les puedo decir que fue la hamburguesa más desagradable que me he comido. Ese día me sentí tan horrible, tan juzgado, tan inmoral, tan lleno de culpa y tan solo... realmente solo, porque es un tema que siendo cristiano no comentas con nadie, por miedo a que te vean como un enfermo o como alguien que esta lejos de Dios. Él no le dijo nada a mis padres, pero luego se los comento, no del vídeo, si no que posiblemente fuera gay.
Recuerdo que luego mi madre hablo conmigo, una de las conversaciones más incomodas que haya tenido. Yo solo decía que ambos sexos me atraían, “típico”. Ese tema no salió de la casa y simplemente se “olvido”. Yo seguí yendo a la iglesia, pero el sentimiento era más fuerte, y años después empecé a tener relaciones sexuales esporádicas con un amigo de la iglesia. Recuerdo que el sentimiento de culpa era muy grande, pero era inevitable no hacerlo. Siento que uno de los sentimientos mas desagradables que existen, es tener relaciones sexuales y que después de ello te sientas sucio, te sientas mal contigo mismo y que mucho de lo que hayas disfrutado se vaya a la basura por creer que no eres normal. Un día decidimos dejar todo eso y no nos hablamos más. Poco tiempo después hasta la amistad se perdió, y hoy en día sigue así. Él aun esta en la iglesia y dice que no es homosexual.
Todo esto tal vez se vea simple, pero no lo era… yo describiría la sensación de estar así durante 21 años, muy similar a vivir toda tu vida con una soga al cuello presionando y oprimiendo tu verdadero tu. Una soga que fue amarrada poco a poco por cada comentario, por cada mirada ofensiva, por cada condenación de parte de cualquier persona, pero la que más me dolía era la que me hacía yo mismo. Esto es algo que se repite en muchas vidas actualmente, por culpa de comentarios ignorantes, ofensivos e inhumanos.
Si tú no estás de acuerdo con la diversidad sexual, es tu pensar, y mereces respeto como cualquier ser humano de este planeta, pero recuerda que tienes familiares o amigos, ya sean niños, jóvenes o adultos que tienen emociones, y antes de decir cualquier cosa, es bueno frenar y pensar de qué manera afectaría el mundo de esa persona. Yo desde niño escuche comentarios homofóbicos de casi todo mi circulo, hasta el punto que destruyo mi autoestima y mi espíritu. Sentía que era menos. Es algo que te quita sueños, esperanzas, y hasta no ser capaz de sentirte amado. Hoy en día aún siguen los malos comentarios. hace poco escuche el de una mujer cristiana que estaba indignada porque mis padres no me habían corrido de la casa por llevar una vida tan inmunda. actualmente esos comentarios solo me dan lastima, eso sucede cuando te aceptas, cuando te amas, y cuando sabes a donde vas.
Recuerden que cuando oren o hablen en contra de esto, un niño tal vez los está escuchando, y puede que sus esperanzas y su valor sean destruidos.
¿Cómo deje todo esto?
Al amarme, al aceptar quien era, al darme cuenta de que estaba intentando agradar a otros, y me olvide de mi propia felicidad. Claro era estudiante de psicología y leía mucha filosofía y aparte comencé a estudiar teatro. Todo esto me ayudo a cambiar mis pensamientos, y poder mirar el mundo de una manera más libre, más limpia, sin tanto prejuicio, sin tantas limitaciones. Y esto me ayudo a entender que estaba errado al creer que estaba mal, al creer que estaba enfermo o endemoniado. Dudo que el deseo de Dios haya sido que viviera tan infeliz. Solo puedo decir que amo mi vida como esta. Nunca me había sentido tan bien y feliz conmigo mismo en tantos años. Lo importante es que ames lo que eres, porque lamentablemente los comentarios persistirán, pero mientras sepas quien eres, a donde vas y luches por lo que amas, esas cosas poco a poco te dejaran de afectar.
Tu felicidad es más importante de lo que puedan pensar los demás de ti. Feliz día. Ama lo que eres.