Más que blogger, siempre quise ser escritora. Escribo desde los 7 años, más por necesidad que por vocación. No me gusta romantizarlo ni actuar como que tengo un llamado especial para dedicarme a la escritura, o como si tuviera un talento fuera de lo común. En realidad, solo me limito a decir que me gusta y necesito escribir.
Desde pequeña experimento constantemente esa sensación de que se me acumulan las palabras en la cabeza, en las manos y poco a poco en el cuerpo entero. Y, por supuesto, las palabras no pueden quedarse ahí, tienen que salir y tomar su propio rumbo en el papel. Siempre tuve la sensación de que eran ellas las que decidían la manera en la que yo debía escribirlas y no al contrario.
La experiencia de la escritura, al menos para mí, es así. Quizás por eso constantemente estoy buscando la oportunidad de tenerla.
Fuente
Toda este relato inicial (algo cursi) tiene como finalidad introducir el tema de este post: mi historia como blogger. Todo comenzó a los 14 años, cuando decidí abrir mi primer blog en blogspot. Me gustaba escribir cuentos acerca de las vidas de personajes poco comunes, con uno que otro cable suelto. Más tarde descubrí que podría referirme a ellos como sujetos subalternos.
Este blog todavía existe -para bien o para mal- y se llama Detrás del espejo . Allí comencé a publicar y compartir mis primeros cuentos con un público muy selecto (realmente selecto). Al principio no sabía nada de sintáxis, mucho menos de morfología, pero amaba escribir y lo hacía. Ahora sé mucho de lo primero, pero lamentablemente ya no escribo tanto.
Creo que esa es una de las razones por las que estoy en Steemit, porque no quiero que esta historia interrumpida se convierta en una historia frustrada. Además, en solo tres días me he animado a hacer una de las cosas que más amo: escribir. Tengo palabras acumuladas de tantos meses que aún me resulta difícil creer cuánto tiempo estuve reteniéndolas, cuando las pobres anhelaban salir.
Mi meta ahora es dejar que lo hagan, seguir escribiendo como si nadie estuviese leyendo, porque nadie lo hace, ¿cierto? Y me di cuenta de que así es como fluyen mejor las palabras, cuando se las deja en libertad, cuando simplemente dejas que sean ellas las que escojan su disposición en la página -ahora digital- en blanco.
Me despido, con una pregunta que quizás no obtenga respuesta: