Había una vez una chica muy bella, pero pobre, no solo económicamente hablando, una chica pobre de familia, con esa pobreza que se ve y se huele, que no sabe como se saluda, que no le han enseñado a dar la mano con firmeza, a mirar a los ojos cuando alguien le habla y le cuenta cosas que siente importantes, porque la pobreza económica es solo el comienzo, el problema viene cuando esa pobreza se cuela en la ropa, en la piel, en las costumbres, en la cultura...y finalmente llega a la mente donde se instala.
Un día cualquiera conoció a su chico, el de sus sueños, estaba fuera de sus posibilidades, era un buen chico, sin dinero, pero sin pobreza, con amor en abundancia, y ella como de costumbre simplemente se sentaba a ver como se alejaba, convencida que no podía hacer nada, pero él que sabia conectar con las personas, pudo leer en sus ojos llenos de altanería, de violencia, la necesidad de amor, de ese que pega todo lo roto, que enseña, que saca la amargura y la pobreza de la mente que da las fuerzas para luchar por todo lo que que se merece, por todo lo que vale penas y también alegrías. y con un abrazo ilumino su vida, desde el corazón.