Sucre es un lugar de hermosos contrastes. Tierra y agua, dulce y salada. Con un solo golpe de vista y caminar otros tantos pasos, es posible trasladarse de la montaña a la playa abierta y franca. Pero es mejor empezar por el principio. Encandilado por la belleza que contemplaban sus ojos, el Almirante Colón llamó, a lo que es hoy el Estado Sucre ,“Tierra de Gracia” y la describió en todos sus detalles en una carta a los Reyes Católicos, en cuya conclusión establece que: “mas yo muy asentado tengo en mi ánima que allí donde dije, en Tierra de Gracia, se halla el Paraíso Terrenal”.
LA TIERRA QUE CANTA:
En Sucre es posible encontrar todo cuanto es posible. Cumaná, su capital, es conocida como la Primogénita del Continente. Su gente amplia, abierta, amable, cálida. Crisol de mestizajes, indios, blancos, afrodescendientes conviven en pueblos apacibles y trabajadores. Pesca, cultivos, salina, café, cacao, tabaco, caña. A eso huele Sucre, a mar, a sal, a caña de azúcar, a sueños lejanos, azules. La música es la muestra más fehaciente del mestizaje cultural, los velorios de cruz, con sus décimas, las fulías, punto de llanto, malagueñas, joropo oriental o golpe estribillo, se acompañan con cuatro, mandolina, bandola, cuereta (un acordeón pequeño), maracas, guitarra y caja (tambor cuadrado de origen africano). Todo ello varía de acuerdo con las regiones del estado. Con la fulía, se ofrenda, con el galerón se canta a la divinidad, con el estribillo se improvisa la temática libre. El velorio de cruz es un canto agrario, campesino, que celebra la llegada de las lluvias y la renovación de la naturaleza. Se realiza en el mes de mayo.
LOS HÉROES Y POETAS:
Así como por el Estado Sucre comenzó el aprovisionamiento explotador de la conquista en Venezuela, también sus apacibles pueblos han dado hombres y mujeres que son orgullo de la ciencia, el intelecto y la valentía. Comenzando por Antonio José de Sucre, el Mariscal de Ayacucho, nombrado así porque terminó con esa batalla la hegemonía del reino español sobre Sudamérica. También José Francisco Bermúdez, apodado “pueblo” por el cariño de su gente dada su lucha a favor de la independencia.
Perucho Cova, su máximo exponente en el joropo oriental (golpe-estribillo), nacido en Campoma y cultor de la cuereta o acordeón.
Berta Vargas, la madre de la muñecas de trapo, negras, negritas, como ella, campesinas, lindas, con las que llenó los caminos de su pueblo, cerezal y todos los caminos de Sucre. Berta y sus muñecas, son las fundadoras de todo un pueblo de talentosos artesanos.
Entre los poetas están José Antonio Ramos Sucre, quien escribió poesía en prosa con una elegancia y un lenguaje insuperable. El poeta del pueblo, Andrés Eloy Blanco, y el poeta del dolor, Cruz Salmerón Acosta, abatido por la lepra y muerto a muy temprana edad.
Hay mucho más en Sucre, es mucho más que una Tierra de Gracia, como la llamó la codicia de Cristóbal. Es la casa desde la que el sol madruga; es el calor provinciano de la brisa, con sus alas de paloma extendidas, escribiendo el aire de azul, la que disfruta la paciencia de las olas, la que cabe entera por los ojos y se queda allí, para siempre, llenándonos de su profunda sencillez, como estos versos que les dejo aquí, de Luis Mariano Rivera, el poeta más humilde que conocí:
¡Qué hermosa es la vida
cuando se mira a través de estos cristales!
Dan ganas de irse tras sus hilos invisibles.
Ser lirio, ser espuma,
ser fragancia o ser amor.
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