Todos sabemos que la humanidad sigue existiendo por la gran misericordia de nuestro señor Jesús quien sacrifico su vida y vino a morir para que cada uno de nosotros tuviera la oportunidad de redimirse y adorarle, nos dio la oportunidad de conocerle y amarle pero poco a poco la humanidad se ha ido olvidado de tan grande sacrificio.
La vida es un regalo preciado que Dios nuestro señor nos da y muchas veces dejamos que pase sin hacer algo que realmente nos cause satisfacción, no se trata de hacer cosas que sabemos que están mal y que después puedan traer consecuencias, pero sí de hacer lo que realmente queremos y nos gusta contando siempre con la dirección de Dios, Muchos de nosotros hemos tenido la oportunidad de ver muchos ejemplos de personas que viven sumergidos en una rutina que no les hace feliz y cuando voltean a ver ya no hay vuelta atrás, ya no pueden o no están en condiciones de hacer las cosas que les habría gustado hacer.
Todo en nuestra vida tiene su momento, hay momentos para trabajar, también hay momentos para la familia, tener hijos estudiar, etc., pero junto con todas esas responsabilidades también debemos hacer un tiempo para dedicarnos a disfrutar, admirar las cosas hermosas que tienen nuestro mundo, un paisaje, un compartir con las personas que amas y sobre todo un tiempo para dedicar nuestra vida a Dios ya que él nos la dio.
Amar la vida y las cosas hermosas que tenemos en ella es muy importante, Dios nos da esa gran oportunidad de conocer su hermosa creación, pero también todos tenemos un propósito que no podemos olvidar, debemos compartir lo hermoso de conocer a nuestro Dios con esas personas que aún no le conocen, ¿qué sentido tiene la vida si no compartimos una palabra que traiga salvación a alguien? Dar a conocer a nuestro Padre celestial y su gran poder es la tarea más grande y difícil pero también la más satisfactoria que podemos emprender, con el tiempo nos damos cuenta de que no solo disfrutamos de las cosas terrenales si no que ayudamos a personas a encontrar ese camino que les lleva a la vida eterna.
Vivir sanamente, hacer cosas que nos llenen de orgullo y sobre todo que enorgullezcan a Dios es una tarea difícil pero no imposible de realizar, esas historias hermosas que tenemos a lo largo de nuestras vidas, son las historias que dan ejemplo a nuestros hijos, nietos y al resto de la humanidad, no nos quedemos encerrados en la monotonía y viviendo como si la vida no tuviera sentido, todo depende de nosotros y de nuestro interés por hacer la diferencia.