Hay personas que han resuelto sus relaciones con la diosa Fortuna de forma particular, después de haber intentado por diversos medios tradicionales el deseado encuentro, cuando fallan los amuletos de tan reconocida solvencia como la pata de conejo, el trébol de cuatro hojas, la herradura o la higa, a cualquier ciudadano le asiste el derecho inalienable de tratar de encontrar un talismán de la suerte a su medida.