Foto cortesía : (http://confirmado.com.ve/cruz-diez-del-piso-de-maiquetia-sera-restaurado/)
Pero esta vez me detengo a escribir en esos afectos que esta realidad venezolana me está quitando: mis amigos.
Esta semana se fue a Estados Unidos una de mis grandes amigas, aunque no nos veíamos con frecuencia, siempre estábamos en contacto. Su hermana menor ya tiene algunos años viviendo en suelo norteamericano y ambas hermanas tenían alrededor de cinco años sin verse. El esposo de mi amiga emigró hace unos meses hacia allá y esta semana le tocó a mi amiga. No sé cuándo la vuelva a ver. Y no solamente a ella, sino a otros tantos que se me han ido por esta desgracia que nos gobierna en Venezuela. ¿Perder el contacto con ellos? Nunca, pero existe el deseo de volvernos a encontrar y compartir como en los viejos tiempos.
Una de mis panas se fue hace tres años. Se fue por asilo. Está con sus padres, hermanos, hija y sobrinos en EE.UU. Ella por estar en rol de asilada, no puede regresar a Venezuela hasta que caiga el gobierno de Nicolás Maduro. La otra, se fue por asuntos de trabajo. Trabaja desde hace diez años con una artista muy famosa –súper querida en Venezuela- y una vez que formó su familia (esposo e hijo) decidió emigrar junto a ellos ya que la carrera de la artista así también lo exigía. Otro de ellos, participó activamente en las manifestaciones en contra del Gobierno durante el año 2014 y 2017. Tenía la intuición de que en cualquier momento le pondrían los ganchos. También decidió irse antes de que ese presentimiento se llevara a cabo. Y así sucesivamente, conocidos que se van, amigos que se van, parte de mi familia también (uno de mis primos se va en enero de 2019 a España).
Muchos me han preguntado por qué no me he ido. No lo he hecho por una razón: soy única hija y mi mamá ya es de la tercera edad. Mi papá falleció hace tres años y no tendría corazón ni cabeza para dejarla sola. Otros me dicen: ¡pero llévatela! Ajá, me la llevo… ¿a pasar trabajo? Tendría que irme yo primero, estabilizarme y luego llevármela. Eso no se hace en tres días. Es un sacrificio para el que se va y para el que se queda. Y punto.
Hoy escribo esto desde el corazón. Pido a Dios que esto cambie, que las familias se puedan reencontrar, que los hijos regresen a casa y poder tener ese tan soñado encuentro con mis amigos, con los amigos que se me fueron.
Mientras tanto, abrazo a los que aún tengo aquí.
Por: Lenys Carolina Martínez Noguera