Y ella ni le saludó
Y él esperaba un hola
Y ella no lo veía
Y él estaba cabizbajo
Y ella lo ignoró
Y él con tristeza en los ojos
Y ella hizo como si no existía
Y él simulaba no verla, pero la veía
Y ella tiene rabia contenida
Y él tiene dolor por esa rabia
Y ella lo rechaza, lo aborrece
Y él la sigue queriendo y la piensa cuando anochece
Y ella no recibe su bendición desde hace mucho
Y él se la quiere dar
Y ella tiene el cabello abundante y negro azabache
Y él tiene abundantes canas en su cabellera
Y ella tiene los ojos castaños, penetrantes
Y él tiene los ojos verdes, perdidos en sus cavilaciones
Y ella tiene un sólido núcleo familiar
Y él tiene un núcleo familiar disuelto
Y ella está feliz con sus hijos y esposo
Y él vive solo y casi olvidado
Y ella no irá a su entierro
Y él no podrá pedirle un abrazo de despedida.
Pero si ella va a su entierro, ya no habrá tiempo para el perdón.
¿Pero a ella le dolerá más de lo que la ira le hace doler hoy?
Y a ella la veremos en persona, la veremos ¿indiferente?
Y a él solo lo veremos en una foto sepia
Y ella no sabrá que él, aquel día cuando sus miradas no se toparon de frente, tuvo los ojos ahogados de nostalgia y de impotencia, ojos que secó el pañuelo manchado, alzado por las manos manchadas de pecas.
Y ella no sabrá que solo yo vi aquel corazón arrepentido en las lágrimas que se corrían por el filo de los ojos de su viejo amigo, el que la enseñó a caminar y a decir: "papá".
Y él es un padre de hijos
Y ella de tres
Él se ha equivocado mucho y es torpe para enmendar
Ella hoy se equivoca porque el rencor la domina
Y ellos nunca se sentaron para drenar sus punzantes dolencias en una plática de café y galletas o de cervezas y lágrimas.
Nunca llegaron las disculpas.
Nunca se deslastraron sus culpas.
Alkimia Kinestésica de Leonardo Bruzual Vásquez | 21ENE19
|| Edición II
*Suena al fondo: Ven de Fonseca.