En el año de 1988, cuando ingresé a trabajar como subgerente de una empresa aeroportuaria de seguridad privada conocí al Sr. Oscar Feliciano, comúnmente conocido como “Papi”.
Éste era un anciano de 65 años de edad que llevaba 50 años laborando en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía en la ciudad de La Guaira en el estado Vargas, Venezuela.
El señor Papi, como yo le decía, llegó a Venezuela, proveniente de la isla de Curazao, a los 14 años en busca de una mejor vida. Como él podía hablar varios idiomas, como Inglés, Francés, Papiamento y Castellano, se le hizo fácil conseguir dinero para ganarse la vida trabajando en el aeropuerto. Y allí permaneció toda su vida. El sólo sabía leer y escribir porque no terminó sus estudios de la escuela primaria, pero sabía todo sobre el aeropuerto, sobre los aviones y las sus líneas aéreas. El era una enciclopedia viviente en materia aeroportuaria, una fortaleza de conocimientos muy valiosa para cualquier trabajador con deseos de aprender. Y yo era uno de esos. Con el inconveniente de que por mis estudios universitarios, entré a la empresa como Subgerente y jefe directo del señor Papi. Por ende, me tocaba dirigir y dar órdenes a un señor que tenía 40 años más que yo y además, conocía mi trabajo, en la práctica, mucho más que yo.
Desde el primer día de trabajo chocamos. Al señor Feliciano le incomodó, y no lo ocultó, que un hombre tan joven como yo y con menos conocimientos que él, fuera su jefe. En su saludo, me dijo:
“Mi llave, tu no vas a poder con este trabajo. El aeropuerto te va a comer vivo.”
Le dije que yo sólo quería trabajar y aprender todo lo posible.
Mis primeros días de trabajo con el señor Papi fueron muy difíciles. El se empeñaba en demostrar que yo no servía para el cargo. Mientras, yo intentaba, por todos los medios posibles, lo contrario.
Discutíamos por cosas innecesarias. Me irrespetaba, no respondía mis saludos e incumplía mis órdenes. Y como el gerente general lo quería mucho, me pedía que le tuviera paciencia. Y paciencia era lo menos que yo tenía.
Un día, mientras caminaba por el área del Duty Free Shop del aeropuerto, vi un Kit de fumadores muy lindo y costoso. Recordé que el señor Papi era un asiduo fumador de cigarrillos, por lo que entré y compré dicho Kit.
Lo envolví con papel de regalos y en una tarjeta muy linda, le dediqué unas palabras de agradecimiento muy bonitas y sencillas:
“Mi Estimado y Respetado Sr. Papi. Con este humilde obsequio quiero agradecerle toda su ayuda en estos días de trabajo. Reconozco que sin usted no hubiera podido sobrevivir aquí. Usted me ha enseñado mucho más de lo que se imagina. Qué Dios lo bendiga mucho. Mil Gracias. Zully Colina.”
Le entregué el obsequio y le di un fuerte abrazo. El señor Oscar no dijo nada. Tomó el paquete y lo guardó en su maletín. Su silencio me dejó muy preocupado. Me fui a la casa al terminar la jornada y no pude dormir pensando que había cometido un grave error al darle ese obsequio a mi compañero de trabajo.
La mañana siguiente recibí la sorpresa más grande de mi vida cuando el señor Papi entró a la oficina y me dijo:
“Hijo mío, vamos a dar un recorrido por el aeropuerto que te voy a enseñar algunas cosas que tú no sabes.”
Caminamos por más de una hora y pasamos una jornada laboral muy agradable. Desde ese día mi relación laboral con el señor Feliciano cambió radicalmente y tuvimos una maravillosa amistad. Y una vez más, agradezco a mi viejo amigo Oscar Feliciano por toda su ayuda y todas las lecciones de vida que me regaló.
Ahora bien, no crean que cada vez que soy víctima de la hostilidad humana doy obsequios a mis agresores para resolver las diferencias. También, me quejo, protesto, peleo e insulto. Pero, he comprobado que en la mayoría de los casos eso sólo conlleva a más agresiones. Por lo que propongo que tratemos a los demás como nos gustaría que nos traten. Aprendamos que mediante un diálogo respetuoso y tolerante podemos encontrar puntos de acuerdo para solucionar los problemas de agresión laboral y personales.
Sin embargo, considero que dar un regalo al agresor es una AES Alternativa Eficaz de Solución contra las Agresiones Laborales.