Caminaste tanto, infinitos destinos en tu mente hasta el último día. Muchas veces me pregunté ¿Qué le hace aferrarse a la vida? La esperanza nunca dejó de ser tu utópico destino.
¿Sabías ya que llegaría el día? ¿Tendrías miedo? Yo solo estaba allí cuál muleta tratando de ayudarte a llevar un peso que jamás comprenderé.
¿Te traté como merecías? ¿Merecías todo lo que se hizo para que la vida moviera un poco más tu cuerpo, tu alma, tu corazón? ¿Merecías que se alargará tu agonía? ¿Quién sabrá nunca de cada lucha, cada noche, cada amanecer, cada hora donde no sabías qué hora era?
Mi cuerpo pasó cuentas, el tuyo más, pero tú estabas alli, solemne, (soberbio tal vez) mentón en alto, orgullo intacto,- ¡si me llevan que sea soñando! Eso expresaba todo tu ser, mientras yo peleaba con la vida.
Y así te fuiste, dormido. Espero estuvieses soñando algo bonito o tal vez algo loco como cada uno de los sueños que me contaste cada día. ¡Gallardía!, como un soldado que se para ante cada flecha que siente penetrar su cuerpo pero decide irse de pie.
¿Ahora eres libre? Espero que si, que el vuelo sea alto, ligero, seguro, constante; como todo lo que la vida no te pudo dar.
Gracias por tanto, por el dolor, por las rabias, por las lágrimas, por las noches en velo. Por las risas, por las conversaciones y los libros, por la música y los dulces, si; por cada caramelo que me traías en las tardes hasta el día en que tus piernas ya no dieron más. Gracias por tu paciencia a mis chistes malos, a mis chistes crueles, a mi manera de tratar de darle chispa al dolor, a mi lengua sin filtros. Gracias por tus miradas bonitas, por tus comentarios estrafalarios y por mostrarme como un ser humano lucha mientras cede ante la humildad de que otros le cuiden cuando siempre fue tan suya su vida, sus formas, su cuerpo, su destino.
Hoy, 7 días de ir a darte una pastilla y encontrarte dormido, pero esta vez para no despertar más, por lo menos no con ese cuerpo que no daba más, pero estoy segura que despertaste en algún lugar lleno de vida, con un camino rodeado de árboles y una nueva caminata eterna por empezar.
Te amaré siempre, Pa.
Tu Gordita loquita, Zully Mariela.
Imágen más que propia.