Cuenca, ciudad encantadora
Calles empedradas en su centro, imagen colonial reina en el ambiente, inmersa en la modernidad de sus alrededores, linda, clima agradable, rodeada de montañas, cuatro ríos que atraviesan por su corazón invita a soñar despertando mi musa dormida.
Paseando por la orilla del río sueño con el amor, llena mi mirada de hermosos paisajes que se guardan como improntas en mi mente, llenándola de hermosuras. Siento la brisa fría que golpea mi cara despertando sentimientos profundos dormidos en el fondo de mi corazón.
Por tus calles siento retroceder en el tiempo, disfruto tus esbeltas e imponentes catedrales góticas, bizantinas, sus cúpulas y sus auríferos altares, que existen por doquier, exhibiendo sus imágenes representantes de la religiosidad de su gente sencilla y amable quienes elevan una oración por la vida ante el púlpito, mezclando su autóctona lengua con el español traído por los colonizadores.
Cuenca, eres muestra viva y tangible de la historia de tu pueblo indígena, incrustada en la cima de los Andes muy cerca del cielo, en ti se cultiva su cultura para perpetuarse en las nuevas generaciones y rendir tributo a sus antepasados. Te engalanas en las noches con las luces que titilan que parecen luceros tachonando el cielo.
A la orilla del Tomebamba, río caudaloso y empedrado, disfrutando del correr de las aguas limpias y cristalinas donde nadan mis ilusiones, mis inspiraciones fundiéndose a la espuma del agua al choque con las piedras que adornan su cause y los recuerdos de obras literarias famosas como “A orillas de río Piedra y me senté y lloré” -Pablo Coelho- imaginándome cual personaje dentro de la obra y lloré por los recuerdos de mi patria querida, recordando frases célebres de la obra: “La vida nos coge desprevenidos y nos obliga a caminar hacia lo desconocido cuando no queremos, cuando no lo necesitamos.”.
El recorrer de sus calles empedradas me remonta al cielo, paraíso donde disfrutamos la belleza de la naturaleza entremezclada con la civilización con imponentes edificaciones decoradas con esculturas esplendidas en sus portales elaboradas con el amor que le tienen su ciudad los artistas populares sembradas en las montañas y a la orilla de los ríos que la cruzan como la flecha de cupido cruza los corazones de los eternos enamorados, Cuenca nos invita a soñar, a vivir nuestras emociones sencillas y bonitas para hacer de nuestros pensamientos bagajes de felicidad y bondad.
Gracias Cuenca.