Seguramente habrán estado alguna vez en la siguiente situación: en una relación de pareja, puede llegar un momento de tensión tras alguna discusión o hay una sensación incómoda después de algún tiempo distantes (estudio, trabajo, cosas de la vida) y se percibe en el ambiente la sombra, la posibilidad de una ruptura. La inexperiencia, la inocencia, quizás un poco de vergüenza, pueden llevarnos a intentar seguir sin mencionar el problema porque ponerlo sobre la mesa puede significar oír lo que no se desea. Es el error que cometió el personaje que escribió el siguiente poema, porque la mayoría de nuestros miedos son por cosas que nunca llegan a suceder y es primordial mencionar las cosas, hablar de los problemas porque es la única forma de resolverlos. De la misma forma que durante un exorcismo es indispensable descubrir el nombre del demonio que invade el cuerpo del poseso, identificar el problema, darle un nombre, hablar de él, le quita mucho de su peso y todo se resuelve más fácil. Así que, queda prohibido callar.
“Prohibido callar”
Perdóname por no hablar
es que no sé qué decir
pero como no es bueno callar
por eso tuve que escribir.
Y escribir para que sepas
que no he dejado de quererte
que no lo haré hasta que venga
buscando, por mí, la muerte.
Es este maldito orgullo
el que mantiene en silencio
a este corazón que es tuyo
el que enloqueces con tus besos.
Y me callo porque me temo
que el hablarte te haga hablarme
que digas lo que no quiero
y que, sin más, logre alejarte.
Eso no lo soportaría
cualquier cosa menos eso
cómo vivir sin tu alegría
sin tus ojos y tus besos.
No me atrevo siquiera a pensarlo
siento morir de tan solo hacerlo
pienso entonces, no debo callarlo
es mejor hacerte saberlo.
Y que sepas amor mío
que no existe nadie más
que nadie me quita el frío
como lo hace tu mirar.
Que tu llegada cambió mi mundo
tu sonrisa cambió mi alma
que por ti siento un amor profundo
eres mi paz, eres mi calma.
Amor perdóname, te lo ruego
por escribirlo en lugar de hablar
ahora por ti digo adiós al ego
por tu amor juro más nada callar.