Querida amiga Celeste, escribo esta carta con grandes dudas y fuertes miedos, sabiendo que es necesario que la elabore aunque no esté realmente seguro de que sea conveniente hacertela llegar. Espero que si así lo hago comprendas mi mensaje, porque hasta ahora no sé como expresarte todo lo que pienso.
Debes saber que te veo naturalmente indómita, como una heroica guerrera con inmensa hambre de justicia, y tras leer tus cartas y conocer tu pasado no hice más que confirmar que verdaderamente lo eres.
Has tenido que lidiar con grandes desafíos, tuviste que librar una especie de guerra contra tu propio pensamiento, sin embargo, y contra todo pronóstico, sigue de pie con la mirada arriba y las velas de cara al viento.
Te admiro por eso, debo decirlo sin rodeos, has sido frágil y sigues sin quebrarte, te has expuesto tanto y todavía tomas riesgos, llevas tras de ti incontables sueños rotos y a pesar de eso sigues soñando.
Supongo que de ahí nace tu valor, tienes tu propia forma de ver el mundo y no te conformas solo observando lo que existe, tú debes ver más allá de eso, a lo que puede ser, a lo que debe ser para que hacer del mundo un poquito mejor.
Tienes la cualidad de ver eso en las personas, tienes la valentía de perdonar y creer que todos pueden ser mejores aunque las evidencias te digan lo contrario. Puedo entenderlo muy bien, respeto mucho el lente con el que juzgas; puedo decir que yo usé uno similar durante casi toda mi vida.
El hecho de que yo cambiara mi visión tras años de intentos fallidos no quiere decir que tú también debes hacerlo. Yo llegue al hartazgo tras verme sumergido en tantas decepciones y realmente deseo que no llegues a saber qué tanto hizo falta para doblegar mi confianza.
Nadie elige nacer, pero todos los días podemos elegir qué clase de personas queremos ser. Tú elegiste ser quien eres, y lo eres no por aquello que viviste sino a pesar de lo que has vivido. Eres dueña de tu destino y elegiste el camino de la bondad.
Puede que busques ser motivo de orgullo para alguien más, eso lo entiendo. Yo también sufrí sintiéndome insuficiente en esa tarea, pero aprendí que lo más importante es que debo estar orgulloso de mí mismo. Lo he logrado en ocasiones, y es increíblemente satisfactorio.
Hoy en día puedo decir que llegué a concocer la más oscura soledad; estuve en ese abismo sin compañía y al salir me di cuenta de que tanto enfocarme en una ausencia solo me hacía llevar un peso que me hizo mucho más lento.
Tal vez nunca se podrá llenar un vacío como el que ocupa tu alma, pero debes saber que te comprendo mucho mejor de lo que crees. Gracias por darme la confianza de saber como te sientes y la gran oportunidad de intentar hacerte sentir mejor.
Tienes mi apoyo incondicional y quiero verte seguir igualmente soñadora y libre, sin ponerte límites, porque no somos nosotros quienes debemos dejar de tener fe en el amor, no somos quienes debemos sentirnos mal por haber sido dejados de lado, son aquellos que nos han hecho daño quienes deben comenzar a cambiar.
Tal vez te faltó un abrazo oportuno en el momento justo, tal vez te faltó un te quiero de la persona que nunca estuvo para decirlo... Nadie puede ocupar ese espacio que tan tarde vino a ser llenado parcialmente, pero sé que puedes seguir a pesar de eso.
No vale la pena medir si lo que recibiste ha sido poco o mucho. Tú tuviste algo y agradeces eso que pudiste obtener. En realidad nunca hubiera sido suficiente, no nos alcanza la vida para ser amados como merecemos.
Si miras a tu alrededor notarás que estás rodeada de personas maravillosas. Todo este tiempo has tenido el apoyo necesario y de mi parte lo seguirás teniendo. Sé que la vida tiene caminos extraños, pero no tomaría nunca alguno que me alejara de quienes me importan, incluyendote.
Has llegado a ser quien eres a pesar de un padre ausente, has logrado tanto a pesar de ir contracorriente. La presión extrema hace del carbón diamante, por eso eres tú, Celeste, eres lo que eres, una joya preciosísima que no deja de fascinarme.
Te seguiré queriendo como lo he hecho y me sentiré siempre alegre por conocerte. Tú, por tu parte, solo sigue persiguiendo tus sueños.
Con gran cariño,
Rosa.