Me he aburrido de hacer solo un poemario por concepto. De hecho, cuando inicié la costumbre de hacer estos había una notable correlación entre uno y otro y a veces los poemas también tenían secuelas. Esto complica un poco más el trabajo, pero ya toca tomarme en serio las cosas para pasar a publicar algo más profesional. Y es necesario, ya toca, incluso en este archivo de borradores voy a trabajar seriamente como mi blog personal. Ahora vienen más poemas, pero también otro tipo de trabajos que tengo en mente hace algún tiempo. Veré si tengo éxito y no caigo de nuevo en el hastío y la fatiga creativa, que es mi mayor enemiga en este momento.
Me voy a ir por un camino mucho más onírico probablemente. Justo ahora mismo busco una forma de entrelazar lo surreal y lo sensitivo. Siempre he sido muy dado a crear imágenes sensitivas. Me gusta hablar de sensaciones que suceden en breves instantes. Trato de trasportar a un escenario, a un momento, que en parte es vástago de mi furioso y descuidado teclear y en parte desciende de la experiencia de vida de quien se dedica a leerme.
Las ideas van un poco más allá, y espero que, a diferencia de otros proyectos, los que ahora planifico lleguen a concretarse y el éxito me permita avanzar hacia las obras que realmente quisiera compartir con ustedes.
Testigo ocular
Ahora lo recuerdo...
No la vi por primera vez esa noche,
cuando apareció en mi hogar, sin que lo esperara,
como una simple coincidencia.
La había visto mucho antes
de aquel atípico día.
Lo supe de inmediato, yo la conocía.
Fue en alguna plaza o algún bulevar.
Tal vez en un momento con la longitud de un chasquido.
La vi mucho antes, no recuerdo cuando.
La vi y lo olvidé todo, hasta el lugar,
pero no la olvidé a ella.
La vi de nuevo siendo artesana.
La vi una vez más y me regaló una sonrisa.
La vi posar con extraordinaria sensualidad.
La vi bailando con un toque de lujuria.
La vi ceder al impulso sin dudar.
Ella pecaba ante mis ojos
y en mi mente yo pecaba más.
Morí un instante y fui al infierno.
Ardí en las llamas de su erotismo colosal.
La vi como un monumento
hecha toda una diva virtual.
El mismo punto
Declina el adiós y se dice “basta”.
Las cosquillas incitan risas y pasiones.
Al aire lo que siempre estuvo muy dentro.
Un liviano toque de amor que no se entiende.
Hambre de labios y de otros rincones.
En un laberinto que dirige al abismo
las altas glorias, los bajos instintos.
Una cómoda superficie caliza
y un ademán que le desviste.
Se deriva un cafuné entregado
y suspiros tan agitados
por amena cofradía dual.
No existe una dimensión visible.
Tan simple como una línea indefinida
entre muros sellados con propósito.
Ya no queda otra posible salida.
El antojo sofocado se precipita
marcado por su provocación flagrante.
Del norte se acerca un presagio
que desciende una ruta escarpada
a dar alivio con simpatía.
Marquesa
Esas mejillas pintadas
color de dulces cerezas.
Vuelan luces, son las hadas
con evidente fineza.
Viene el sol enamorado
que va moviendo sus piezas.
Gotas de suave rosado,
marfil aterciopelado.
La pincelada satírica
Viene de mi propia esencia.
Desata reacción química.
Qué fatal ambivalencia.
Total su belleza crítica.
Muy cegada la consciencia,
esa lógica tan cínica
trae su grata presencia.
Espejo alegre del neonato día.
A lo lejos un errante se perdía
penetrando al suelo por flores decorado.
Viene al fin el alto prodigio dorado
y las alas rotas, Valkiria.
A la torre del reloj
Las ofrendas de aliento y besos
develaban en el tacto
un fin que no arriba nunca.
Cada día se repite el ciclo
y los temores se duermen
al llegar la medianoche.
Tal vez un beso clonado.
Llegan doscientos mil
y hay un millón más en camino.
Una profundidad a la sombra
de un escudo quebrado
y una espada sin filo
pero un soñador determinado
sigue avanzando hasta la cima.
Una campana estruendosa
hace retumbar un sólido eco
en las paredes descoloridas.
El estremecimiento agotado
y un trovador que se acerca.
Uno a uno, cada peldaño.
Se alza el incómodo bullicio
de la ciudad despoblada.
No queda nada, ni un alma,
solo las horas que pasan
sin ninguna expectativa.
Puertas selladas, cadenas frías,
los nudillos rasgados
expuestos por el desafío
de la torre infinita
y el ascenso, la fe,
la guerra despiadada,
la pálida sinfonía.
Nunca muerte sin lucha,
pero las escaleras nunca
jamás terminan.
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