Bueno, parece que he empezado a escribir sin saber qué quiero decir realmente. Es algo absurdo, ¿no lo crees? Seguro debe parecer raro hacer algo sin entender el porqué. No me importa, solo quiero escribir y en este punto no tengo intención de detenerme. Aunque no sé cuál es el mensaje que quiero transmitir en esta carta estoy convencido de tener uno.
Supongo que improvisaré palabra a palabra lo que escribiré a continuación tratando de darle cierta gracia, algo de sentido y si llegara a ser posible, algún objeto. ¿Quieres leer lo que tengo que decir? Supongo que puedo darlo por hecho, y si no es así ¿Por qué sigues leyendo?
Tal vez por la misma razón por la que yo escribo: no tengo idea.
Esta improvisación no es muy distinta a lo que diariamente hago bajo una insípida rutina. Quizás por eso no me incomoda hacerlo. Posiblemente la espontaneidad pueda hacer más interesantes las cosas. Las mejores vivencias nacen sin planificarlas. La total falta de expectativa hace que cualquier cosa sea una sorpresa.
Ante mi poca constancia y un comportamiento errático mi vida ha dado pasos en la dirección erronea en más de una ocasión. Soy como un ebrio buscando un destino que no es capaz de recordar. Estoy caminando inestablemente, buscando un apoyo para evitar caer al suelo.
A estas alturas me ha tocado levantarme por mis propios medios en más de una ocasión. Soy capaz de hacerlo, y sé que no estoy tan intoxicado como para no poder llegar a mi destino valiéndome de mí mismo. Tal vez al final sufra de alguna resaca... No lo sé, a lo mejor fue una mala analogía, ni siquiera suelo tomar licor.
A pesar de que me he hecho tan independiente nunca he avanzado totalmente solo. Sé que aunque no conozca el modo de llegar a mi destino ya he recorrido un largo trecho y eso ha tenido un valor. Estoy en busqueda de mi felicidad, pero hay un gran problema: por algún extraño motivo he llegado a creer que esa ideal felicidad en realidad es solo una fantasía.
Es que no existe un verdadero final en el camino. Nunca encontramos algo así, lo que sí encontramos es una última parada. Sin importar tu ritmo, sin importar tu dirección, llegarás a ella algún día. Todo lo que importa en realidad es disfrutar de nuestro viaje, el aquí y ahora, ¿no te parece?
Sin embargo, aunque sepa esta verdad, así como siempre supe que no estaba solo, me cuesta asimilarla y disfrutar del viaje realmente. Rara vez me veo disfrutando el presente, y muy pocas veces he dejado de sentirme en una gran soledad.
El presente es esta carta hecha sin razón, soy yo tratando de encontrar su justificación a pesar de carecer de una dirección concreta. Es como un reflejo, el momentum, la acción y su reacción. Son las ideas transmutadas en letras y llevadas a tu retina para interpretarse en castellano. Es mi voluntad en bruto manifestándose en palabras escritas.
La soledad es la ausencia, pero la mía no es la ausencia de otros sino la ausencia de mí mismo. Me he perdido y no logro encontrarme ni en los más recónditos rincones de mi mente. Persigo un rastro, una sombra, un punto que se achica en el horizonte, pero no he llegado a alcanzarme.
Al final no creo que deba darle una explicación a todo lo que escriba. ¿Por qué insistir en darle a todo un motivo y pretender que tenemos la capacidad de controlarlo? Apenas podemos concebir un poco de orden en nuestra vida. Por lo general vivimos en gran incertidumbre.
Para entender por qué hago esta carta creo que primero debería preguntarme por qué soy capaz de hacerla, y no me provoca invertir mi tiempo en ello. No tengo ánimos de enfocarme en preguntas que solo llevan a respuestas ambiguas. Yo solo quiero escribir aunque ni siquiera sepa a quien.
Podría estar escribiendo esta carta para mí mismo, podría ser para algún amigo, un familiar o un completo desconocido. La verdad supongo que esta carta es para aquel que la lee justo ahora. Esta carta es para ti desde el momento en el que empezaste a leerla y lo será hasta el momento en el que dejes de hacerlo.
Ahora lees, sigues mis palabras con la expectativa de descubrir qué dirá la siguiente línea. Eso no ocurre solo ahora, así has vivido tu vida siempre. Todo cuanto has hecho te trajo hasta aquí y no sabes la razón. Has pretendido tener el control a pesar de que sabes que nunca existe nada seguro.
Si esta carta llega a ti es porque seguramente la he terminado, y esa fue mi decisión. Podría tirar esta hoja a la papelera en este momento, podría incluso quemarla y no importaría. Si lo hiciera probablemente no recordaría nada de lo que escribo para el día de mañana, perdiendo así esta idea deforme que me inspira para siempre. Pero no lo hice, y por eso la estás leyendo.
Así de efímeras son tantas cosas y pocas veces le damos importancia a eso. Todo es una cuestión de perspectiva. Decides sin pensar a qué le dedicarás tu atención hasta que decides que ya no lo harás. Todos le damos importancia a cosas que son irrelevantes o desconocidas para otros. Eso quiere decir que tenemos el poder de decidir a qué dedicarle nuestra atención; qué obra empezar, terminar o nunca iniciar.
¿Lo entiendes ahora? No hace falta nunca una dirección específica, no tienes que entender los motivos, solo debes seguir adelante como lo hemos hecho tantas veces porque así lo hemos querido. Si perdiera el tiempo buscándole sentido al texto que escribo no escribiría ni una sola palabra. Debe ser así, fluido y honesto. Decidí esto y lo reafirmé mientras avanzaba en la redacción, pero no será así siempre.
En algún punto terminaré esta carta y probablemente escribiré otra eventualmente, y esta dirá cosas diferentes. Al final de esta, si decides terminar de leer, encontrarás que tal vez no era necesario hacerlo. Pudiste no haberlo hecho nunca y eso no hubiera cambiado nada... ¿o sí?
Hoy estás aquí, como pudieras estar en cualquier otro lugar del planeta o fuera de este. Hoy te has tomado un par de minutos para leer divagaciones e incoherencias en una misiva sin rumbo.
Simplemente no te preocupes por ello. Deja que todo lo que deba ocurrir lo haga y sigue adelante persiguiendo tu bienestar. Persigue el amor, persigue la dicha, persigue los mejores momentos con la gente indicada, pero reconoce siempre que no tienes el control de nada más que tus propias acciones.
Actúa en positivo, para tu beneficio y el de quienes te rodean. Hazte responsable de cada una de las decisiones que tomes, pero no te amargues por las eventualidades que suceden más allá del poder de tu voluntad.
Escribe tu vida así como yo escribí esta carta: sin entender el porqué, pero con una firme determinación de hacerla interesante. Si lo logré o no, lo dejo a tu juicio, al menos para mí fue liberador escribirla.