Posada sobre la densa oscuridad que colmaba la habitación, mientras mi mente se elevaba y me arrastraba a un estado perenne de desasosiego y desvelo, la noche no parecía terminar, pérfidos sueños aturrullaban mi alma, visualizandote lejos de entre mis brazos, siendo dueño de ajenos impetus y participe de fogosas pero tambaleantes pasiones.
Mi extenuado entendimiento yace suspicaz y resentido al no poder ser liberado de tal suplicio.