Las 10:05 de la noche y jamás llegó esa señal que tanto anhelaba, las 10:05 de la noche y se acaban mis esperanzas,
se diluyen mis deseos de escucharte. Soy un tonto al pensar que podías haber escrito un pequeño mensaje diciéndome “puedes llamarme”.
Es triste sentirme consumido por ti y más sin la ilusión de escucharte, quizás tu no lo sepas porque jamás te has enamorado y entregado ciegamente al deseo de extrañar sin tener ninguna explicación. Que extraño es depender de sólo una señal tuya, que extraño es no tener la voluntad de decir “ya basta” de pararte valientemente y ser sincero contigo mismo, de entender que persigues un sueño sin esperanzas y que luchas solitario porque la otra persona no quiere acompañarte; y no sólo que no quiera sino que no puedes obligarla.
Es una guerra de cobardes y valientes: cobarde porque no espero nada y valiente porque lo sueño todo.
En este momento me siento muy osado, ya son las 10:07, pero con el pasar de los minutos mi osadía mengua por la ausencia de tu mirada.
Es un momento en el que me siento a contar estrellas y esperar una señal en el cielo que diga “TAN SÓLO ABRAZAME”.
Ahora me duele pensarte porque pasaron las 10:00 y quizás para ti es una estupidez, pero para mi es el significado de seguir o tal vez ser realista y renunciar. Hoy comprendo el contrato del tiempo: en querer que los segundos sean eternos y las horas un siglo, porque no quieres quedarte sin tu señales de amor. Hoy comprendo el convenio con el tiempo y su pasar de las horas, porque realmente le gritas que se detenga sino aparece tu voz al teléfono o sino aparece la señal que tanto deseas.
lo que es evidente me parece fugas,
lo que es real me parece un juego;
pero lo que más duele es ver que mis sueños son una mentira,
sólo lo imaginé y puse mucha fe en ellos.