Aunque sea chocante para la cultura latina, determinadas cornamentas pueden resultar benéficas para su poseedor, no nos referimos a esas prolongaciones óseas, tan antiestéticas en la frente de los humanos, que el cirujano José Correa, según está documentado, serrase, en el año 1767, a un caballero, que, conforme informó al marqués de Floridablanca, presentaba dos monstruosidades que según se demostraban eran, hablando con el respeto debido, dos palos de madera de aire o astas del mismo color, dureza, sustancia y figura que los de un cordero.
Cuando hablamos de cuernos protectores, nos referimos al signo del cornudo, realizado con los dedos indice y meñique extendidos, a este gesto se le atribuyen diversas aplicaciones mágicas, independientemente de su uso infamante, en colgantes protectores, se utiliza para librarse de los animales ponzoñosos, para acompañar los conjuros de lagarto, lagarto, y de tocar madera, siempre con el fin de alejar las influencias maléficas.