Así eres tú, querido mío.
Resaltas entre la multitud con tu tonalidad brillante,
con tu amabilidad y delicadeza.
**
Aunque floreces en un mundo triste y gris,
logras colorear mis días con felicidad.
Podría llamarlo amor,
podría llamarlo romance,
podría llamarlo madurar,
pero prefiero llamarlo TÚ.
Es más simple, más puro, más real.
**
Nunca pensé encontrarte,
pero cómo adoro esta casualidad;
la cual, incluso parece destino.
Debíamos conocernos: lo sé,
¿quizás enamorarnos? no sé.
Pero era una gran posibilidad, pues
congeniamos instantáneamente.
Tal vez por tu ternura y mi curiosidad
o quizás porque admiramos las capacidades del otro;
nos complementamos.
**
Gracias por iluminarme
y
por mantener tu nobleza,
cordialidad,
pero sobretodo tu dulzura.