sentirte sin tocarte,
sin poder rociarte con el pétalo
de una flor.
Te escucho sin poder oirte,
sin embargo sigues aquí.
Los oidos del alma
nunca se ensordecen,
el corazón tampoco se detiene.
Qué puedo hacer por ti,
para dejarte ir?
Debo quemar tu razgo
y solo así te desvanecerás...
Yo sé que esto,
nunca se detendrá,
hasta que mi existencia se desvanezca,
por completo.