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Alberto su nombre era, de 20 años apenas. Un chico robusto y muy atractivo.
Martha la mamá de su amiga con otros ojos lo veía.
El chico siempre visitaba aquella inmensa y elegante casa de su amiga, por motivos de estudios. Lo que ignoraba es que aquella dama de edad madura lo desvestía con su insinuante mirada cada vez por frente a ella pasaba, pues esa mirada penetrante lo hacía imaginar mil cosas con ella.
Martha era una mujer elegante, esbelta, saludable, alegre y cargada de una gran sensualidad poco descubierta.
Ella era viuda, pasaba largas horas sola en casa, y lo que más le motivaba, era pensar ardientemente en aquel muchacho, imaginándolo enredado entre sus sábanas. Calentando todo su cuerpo, la cual la llevaba a tocarse cada noche.
En una de las visitas de aquel chico, Martha sale a recibirlo con una prenda de dormir muy sugerente, diminuta y sensual, la mejor que tenía.
Alberto tragaba fuerte y sudaba cada vez que la veía, tratando siempre de bajar la mirada para no admirar aquel monumento de mujer.
Así que el chico comenzó a ir más seguido a su casa, lo que motivó a que comenzara un juego perverso entre ambos, cada vez eran más evidentes sus ganas hacia Alberto y el chico ya estaba tomando las riendas de aquel deseo indómito convirtiéndose en lujuria pura.
Martha lo invitó a su casa, un día que le preparó un viaje bien planificado a su hija, todo un fin de semana, para que pudiese quedarse sola.
Pasadas las 6:00 pm llega Alberto con su mejor atuendo, recién duchado y perfumado. El solo hecho de pensar lo que iba a pasar le erizaba la piel y lo mantenía como en un estado de inquieto erotismo.
La puerta estaba abierta a propósito pues Martha sabía que pronto Alberto llegaría.
Sube a la habitación principal donde estaba aquella dama encantada. El ambiente solo olía a pecado, lujuria y deseo sexual. Había puesto velas, la cama tendida con sábanas de seda rojas, perfumada, con las ventanas abiertas donde se colaba una brisa abrumadoramente sexy para la ocasión y música suave. Y se recostó sensualmente sobre el suelo, aparentando estar desprevenida tan solo para comenzar el coqueteo.
Su corazón empezó a latir muy fuerte cuando de la nada comenzó a escuchar un taconeo lento que se dirigía hacia él. Se quedó paralizado a espaldas de aquella presencia.
Martha le aprieta los hombros y le susurra al oído:
-“Esta noche serás solo mío”...
Se levanta, moja sus labios del contenido de su copa, lo acerca hacia ella, besándolo lentamente, rozando sus labios casi como una caricia usando su lengua.
Sus manos exploraban el cuerpo del otro y ella apretaba con pasión su pecho viril y éste miraba sus erectos pezones.
El chico no pudo evitar tener una erección inmediatamente y le confiesa a su dama que es virgen.
Eso hizo arder en llamas a Martha y lo empuja hacia su cama.
Lo desviste ferozmente y se detiene en la zona sur del chico, y comienza a degustar lo más íntimo de Alberto, como una niña comiendo una paleta.
Alberto solo suspiraba de placer, pues nunca había sentido la gloria de esa manera.
A los pocos minutos, Martha para la actividad y le dice al oído en un susurro:
-¿Crees que iba a ser tan fácil?
Le coloca unas esposas al chico y queda atrapado en la cabecera de la cama, y le deja cerca las llaves y le dice: si tanto me deseas....inventa como logras salir de esta situación. Si lógicamente lo haces, estaré en la sala esperándote para que hagas de mi lo que desees y cuanto quieras.
Alberto se desespera pero a la vez su líbido estaba que explotaba, el juego había comenzado realmente de una manera totalmente inesperada para él. Ya su deseo era mucho mayor.
Pasadas un par de horas, Martha estaba sobre un sillón tomando una copa, cuando es sorprendida por Alberto que la toma por su cuello, y ella se levanta de asombro. El chico se había liberado, nunca le dijo cómo lo hizo. La levantó de allí y la cargó llevándola a la cama.
Alí comienza a quitarle aquella ropa interior de encaje que llevaba puesta. Desnuda en todo su esplendor la coloca sobre la cama, la envuelve en besos y caricias, la toca por todo su cuerpo y después le permite que ella tome la iniciativa, ella se sube encima de su amante y comienza el placer mutuo de la carne donde los gemidos de ambos se fueron intensificando y convirtiéndose en un coro.
Se dejaron llevar por el placer y la locura del momento y ambos lograron llegar al éxtasis de su pasión prohibida al mismo tiempo.
Alberto se convirtió en hombre en ese momento, donde sacó su instinto animal y ella, nunca imaginó que el placer sería mayor al saber que Alberto había logrado liberarse de las esposas, y entregarse a ella con locura y pasión desenfrenada llevándola a sentir la mejor noche carnal y sexual de su vida.
Esta es una adaptación de la historia original “Pasión Prohibida” de @MerrysLamb”
CAROLINA IDROGO
Fuentes:
https://pixabay.com/es/personas-adulto-mujer-mujeres-3113687/
https://pixabay.com/es/modelo-mujeres-monocromo-ser-mujer-2282148/
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