Este relato data de hace mucho tiempo, en el que todas las constelaciones en el cielo eran vistas por humanos, cuando después del trabajo podías oler en los pueblos el mezquite quemado, un tiempo en que la única forma de transporte era en burro o caballo.
Era una tarde con mucho sol, se podía sentir en la piel, podías escuchar el sonido de la chicharra y las aguas que corrían en un arrollo a no mucha distancia. Un señor con bigote blanco, un sombrero gris manchado por la tierra y unas botas cafés, cargaba un saco con pan y cuerdas. Su esposa le había encomendado ir al cerro al cual los pueblerinos le llamaban "El cerrito". Cuando no faltaba mucho para llegar, el sol cayó, se empezó a sentir que la temperatura bajaba, el silencio y la obscuridad se hacian presentes, el único sonido que se podía escuchar era cuando la bota pisaba la tierra y crujía.
Faltando poco para llegar a la casa del trueque, un estruendo muy grande sonó en el cielo, parecía haberse nublado, así que el señor asustado aceleró un poco el paso, no quería que la lluvia arruinara todo el encargo pero una piedra bastante pesada se atravesó en el caminó y sin poder agarrar algo para evitar la caída, quedó en el suelo, tomó unos segundos para tomar conciencia de nuevo así que se paro y en seguida se empezó a sacudir, iba a empezar a caminar cuando levanto la mirada y una sorpresa muy grande se llevó, no había luna llena esa noche, lo único que se distinguía era una sombra de una persona alta, fornida, observó hasta llegar a la cabeza cuando se percató que le crecieron unos cuernos generando un sonido horripilante y se encontró en ese momento con lo que había temido toda la vida.
Se despertó la mañana siguiente, no sabía lo que había ocurrido en la noche pero recordaba perfectamente el ser que se había encontrado.
Ya sentado en la mesa, esperando el desayuno, su esposa le sirvió un plato de serpiente a las brasas y le dijo "gracias por traer el desayuno, oh y gracias por las ramas de ocote justo es lo que necesitaba", no sabía que había pasado esa noche, pero al parecer alguien había terminado el trueque.