Dentro del marco de una educación para la calidad total, la UNESCO ha centrado sus lineamientos y orienta sus propuestas, en el fortalecimiento de las dimensiones del ser, hacer y convivir en sociedad, bajo un cuerpo de normas establecidas en el ámbito educativo. Y en el contexto de la educación universitaria, cobra especial vigencia.
La educación en el contexto de la concepción andragògica por tanto, se enfoca hacia la promoción de una sociedad orientada hacia la erradicación de la pobreza y la exclusión social, según lo expresado por Jacques Delors, en la presentación del reporte para La Comisión Internacional para la Educación del Siglo Veintiuno, auspiciada por la UNESCO en el año de 1996. Una sociedad de igualdad de condiciones y oportunidades.
Por ser un derecho y un deber del Estado venezolano, se fundamenta en los valores de igualdad y justicia (Pérez Esclarín, 1997, p. 8) y en la conformación de un ambiente para el debate crítico, inmerso en el contexto de un mundo globalizado, informatizado y de constantes cambios en los diversos órdenes.
Por estas razones, en todo ambiente organizacional, la adecuada interacción entre dicha organización y sus miembros hace posible, el logro de los objetivos que no se podrían lograr de manera individual. Se puede expresar que la organización influye en la vida de los individuos en cuanto a satisfacer sus necesidades y a su vez, las mismas se ven influenciadas por el modo de pensar y sentir de sus miembros. (Chiavenato, 2001 p. 8)
La universidad como como una organización social, implica contar con una estructura que regula sus funciones y guarda correspondencia con lo establecido en la normativa legal en materia educativa y en los principios constitucionales vinculados a esta materia.
En este aspecto el docente como facilitador de experiencias de aprendizaje tiene la responsabilidad de reflexionar en cuanto a sus propias competencias individuales y sociales, las cuales guardan vinculación con su desempeño docente en cuanto al trabajo individual y en equipo. (Martínez, 2006, p.5)
El docente venezolano, de acuerdo con Castro (1997) se caracteriza por ser: (a) Comunicativo, (b) Democrático, (c) Receptivo y amplio, (d) Ético, (e) Responsable, (f) Participativo, (g) Honesto, (h) Creativo e (i) Reflexivo. (p. 47) Como profesional, posee actitudes hacia su labor educativa y basado en esta idea, es capaz de orientar sus esfuerzos en función de la formación de ciudadanos con competencias requeridas para desempeñarse de acuerdo con las necesidades de un contexto social.
Las competencias poseen tienen un componente actitudinal integrado por lo cognoscitivo, afectivo y comportamental. Estas se asocian a las actitudes del docente, las cuales implican disposición al trabajo eficiente. (Furió y Vilches, citados en Gallego Badillo y Pérez Miranda 2007, p.2)
Un docente con competencias acordes puede desempeñarse con efectividad y eficiencia y por tanto mantendrá una actitud positiva orientada hacia la construcción de saberes y conocimientos altamente significativo para la reflexión y la acción transformadora en función del desarrollo y fortalecimiento de sus competencias profesionales.