Maldito sea el momento en que la estrella Nebula II chocó contra el Planeta XI. Según informes que transmitieron poco antes de que toda telecomunicación quedara defectuosa, luego de la colisión, una nube cósmica empezó a viajar a muchos años luz de distancia de nosotros, pero logró entrar en un agujero negro que la trajo directa a La Vía Láctea opacando la luz del sol en toda nuestra galaxia. Desde entonces las personas y los animales han empezado a morir de a poco, sobre todo quienes viven en terrenos abiertos, pues los componentes tóxicos de la nube avanzan mas rápido. Sus cuerpos se han encontrado llenos de llagas supurantes, y de un líquido amarillo saliendo por sus ojos. Las plantas no mueren, sin embargo se vuelven tan tóxicas que el solo tocarlas genera una muerte instantánea, y tan dolorosa que los cadáveres han aparecido retorcidos en puntos sin articulación.
Eso fue apenas hace un mes, hoy me encuentro en un supermercado con un grupo de personas cuyos intereses van desde maldecir, hasta rezarle a un tal Jesucristo. ¿Qué hago yo? Pues extrañar a la persona que, un día antes de todo este alboroto, le dije que se fuera de mi vida. Paula ha de estar por ahí, sobrellevando esta Eterna Noche por su cuenta ¿y yo? Pues yo sobrellevo La Eterna Noche del cielo, y La Eterna Noche de mi corazón.
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Concurso de Microrrelatos de Ciencia Ficción #MicroCiFi256 - Semana 3 - La noche eterna.