Aquellos asquerosos tentáculos me agarraron por todas partes, se resbalaron sobre mí con ese mal oliente moco y me apretaron cada vez más; solo escuché sus distorsionadas carcajadas saliendo del parlante de lo que parecía una cabeza. En ese momento logré ver la ranura de conexión quántica entre una de sus branquias; con pericia me hice camino entre sus mocos, metí lo que quedaba del endoesqueleto de mi segundo brazo izquierdo, pero los cables del endoesqueleto soltaron chispas que taparon la visión de mi última Camera-eye, los tubos crujieron y me hicieron gritar de dolor. Comencé a perder la esperanza, todo lo que era cibernético en mi cuerpo no respondió más.
«“¡Este es el fin: tendré que entregarme a las amargas y oscuras aguas de la muerte!”, pensé al tiempo que un corto eléctrico golpeó mis nervios biológicos, “¡Qué absurdo depender en este momento de la biología!”, reflexioné mientras inserté mi transconector cerebral en la ranura, pero no pasó nada, mi mente se apagó».
De repente, en esa oscuridad y silencio, mi mente habló: “¡¿Qué está pasando?!”, fueron mis primeras palabras después de morir, abrí los ojos y ví la maraña de tentáculos colgando del arrecife.
─¡Ahora soy él, la conexión funcionó! ¡Mi mente por fin pertenece totalmente a las máquinas! ¡Realmente he superado mi humanidad, soy verdaderamente inmortal! ─grité de alegría, y luego expulsé unas carcajadas distorsionadas que se hicieron eco en medio de ese inmenso laboratorio.