La última madre.
Después de algunos pueriles intentos a principios del siglo veintiuno, a principios del veintitrés, un pequeño grupo de empresas tienen todas las patentes genéticas conocidas. Nadie sabe como llegó a suceder, pero bajo la excusa del altísimo consumo de agua y recursos, todas las especies que no cumplían unos parámetros de interés comercial fueron eliminadas. La enorme masa humana parecía conforme alimentándose de hongos y gusanos de la harina, pero un conglomerado de agricultores, los Agronautas, seguían comprando y pagando religiosamente sus semillas cada año.
Las continuas guerras corporativas dejaban un rastro tóxico allá por donde pasaban y las zonas más contaminadas eran las que los Agronautas podían permitirse. Neeja había nacido en el Erial de Basura, al norte de Delhi, y vivía con su padre, un tozudo cincuentón que cosechaba donde miles habían abandonado.
De puertas para afuera se dedican, como casi todos, al cultivo del maíz transgénico RR-139v3, el "devora-plástico". Pero los dos guardan un secreto desde hace generaciones. Son los cuidadores de la última planta de banano que existe en el mundo. Todas las plantas de plátano eran clones del mismo plátano desde 1960, y el sueño de Neeja era cruzarla lo suficiente como para que volviera a tener semillas. ¿Como pensaba hacerlo? No tenia ni idea.
Mucha gente había llamado a su plantita aberración genética a lo largo de los años.
Ella y su padre la llamaban de otra forma: Suerte. Con mayúscula.