Me llamo Daniel, vengo del planeta Meza.
Estoy de excursión en la Tierra. No me canso de aprovechar cada oportunidad para visitarla. Siento fascinación por ustedes los terrícolas. Trato de entender cómo trabaja su cerebro.
Son una especie de evolución muy lenta, no solo a nivel de genética, sino de razonamientos. Casi prehistóricos. Siempre están en guerra emocional y física. El ego los hace ser las criaturas más torpes del Universo.
Me tocó estudiarte.
Sé que están compuestos de 70% de agua. ¡Increíble!
Su piel tiene diminutos orificios, que funciona como un regulador de temperatura. Cuando tu cuerpo se acelera, tu sistema libera millones de partículas H2O para contrarrestar la temperatura. No deja de asombrarme.
Pero eres un sistema de vida breve y muy frágil, por eso cuentan los años.
Los mezanos no hacemos tal cosa, no tiene sentido. No existe la edad, nuestra connotación del tiempo es diferente. Nuestro cuerpo puede tomar la apariencia de un humano, porque tenemos la habilidad para separar y reagrupar nuestras moléculas en cualquier forma. Al hacerlo, también logramos velocidad en el desplazamiento. He allí del porqué no reparamos en el tiempo.
Ustedes son moléculas también, ¿Lo sabías? Todo el universo lo es. Por eso, no existe un portal que separe los mundos. Todos somos como partículas subatómicas integradas, dependientes una de la otra.
Hemos estado a tu lado por millones de años. Esperando que descubran su potencial interior, pero se resisten, lo esquivan, lo ignoran. No se dejan ayudar.
Es extraña tu especie, muy extraña.
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