Un minuto de silencio por el monstruo
Un minuto de silencio por sus almas, había dicho el padre en la misa. Se detuvo y dio un salto, sus ojos se dilataron y un nudo se formó en su estómago. Un ave ensangrentada yacía en el suelo. Así había comenzado todo, aquella cadena de asesinatos que mantenía horrorizada a una ciudad entera. Primero se habían encontrado animales descuartizados en la calle, como preámbulo a lo que vendría después. Luego se hallaron cuerpos humanos mutilados. Pobre de quien hiciera esos descubrimientos, pobre de quien solo se los imaginara.
Un minuto de silencio por sus almas. Y el rostro de su hermana apareció en su mente. Ya no como la estuvo recordando en la iglesia, sonriente, viva, sino como un amasijo de carne tirado en la carretera. El pánico se apoderó de él, la calle estaba sola, fría y silenciosa. Había estado tan sumergido en el dolor de su pérdida, que no le había importado caminar de vuelta a casa desafiando el peligro inminente que azotaba la ciudad. Pero ahora era diferente. Hubiese preferido escuchar un ruido insoportable y no estar envuelto en ese silencio sepulcral, porque imaginaba que de cualquier rincón saldría el monstruo que estaba descuartizando gente con unas garras inimaginables para matarlo.
Su corazón se aceleró dolorosamente. Corrió sintiéndose perseguido. Una carrera que se sentía interminable. Cayó al suelo y cuando se levantó, miró la abominación que estaba frente a él. Medio humano, medio monstruo, era su reflejo en el vidrio de una tienda.

Este microrrelato fue escrito para participar en el constante concurso que realiza , si quieres ver las bases para participar en el mismo, aquí dejo el enlace: MicroTerror256, semana 7.
Las imágenes utilizadas en este post pertenecen a Pelly Benassi y wild vibez y se pueden encontrar en Unsplash.
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