Resistirnos a los cambios expresa la predisposición a aferrarnos a rutinas que consideramos seguras, actúa como una «zona de confort» o un «nido» interior que no deseamos abandonar; nosotros física, mental y emocionalmente nos adaptamos a una forma de vida que para nosotros resulta segura y encantadora por la confianza que nos ofrece, independientemente de que nos haga bien o no…Cuando pretendemos agregar un práctica desconocida a nuestra vida, de inmediato consideramos la idea de regresar a la «zona de confort» a la que estamos familiarizados. Obviamente, esta predisposición a resistir el cambio es un problema a la hora de incorporar un distinto modo de vida, y especialmente cuando nos toca luchar con procederes desacertados para nuestra salud mental, sin importar lo que acontezca en nuestra vida, si logramos comprender que todo está en constante transformación seremos capaces de recibir con naturalidad el cambio y saldríamos de esa zona de confort que tanto nos limita. No hay que obsesionarse con lo que teóricamente «convenía que pasara o tenía que pasar» en este momento de nuestra vida, sino naturalmente dejarnos llevar y vivir lo que está pasando, sin miedo a fracasar o perder tiempo, no podemos olvidar que Nuestro ciclo vital está repleto de transiciones, no sientas temor, motívate y forma parte de ese movimiento; posiblemente tendrás que dejar atrás cosas que hasta no hace mucho te hacían feliz, pero no lo veas como algo malo y tómalo como una oportunidad de crecer, madurar, amar, crear vínculos. Construir, al fin y al cabo, nuestra propia felicidad.