El bebé cabalista
Mi madre me cuenta que yo no quería nacer. La pobre tuvo cuatro días de parto, porque yo tenía la cabeza muy grande y no pasaba por la puerta de la vida, y en esa época, en el pequeño pueblo de San Juan de los Morros donde vivíamos, no había una tradición de operación de cesárea. Las mujeres parían de forma natural, cuatro hijos, cinco hijos, seis como en el caso de mi familia.
Recuerdo que a los dos o tres años tuve un viaje astral. Me puse a pensar: “¿qué pasa cuando uno se duerme, por qué no recuerdo nunca ese momento? Esta noche, cuando me vaya a dormir, no me dormiré, estaré despierto para ver cómo funciona todo.”
Efectivamente, hice un gran esfuerzo, no permití que el sueño me venciera, y en determinado momento sentí una poderosa vibración que me subía por los pies, las piernas, el torso, hasta llegar a la cabeza, y luego ¡click! Como si se soltara un cordelito en mi nuca, y salí del cuerpo, digamos, mi conciencia salió del cuerpo, y me vi flotando en el techo de mi habitación, en la que dormía junto con mi hermano Edgar.
Nada del otro mundo. Recorrí la sala, jugué con varios carritos que yo tenía, fui a visitar a la tortuga en el jardín, y en determinado momento me dije: “Es hora de volver.” Simplemente, invertí el proceso, sentí otra vez la vibración al revés, desde la nuca hasta los pies, abrí los ojos y me levanté a desayunar.
Alguien así sólo podía haber nacido para ser filósofo, y, lo supe 45 años después, para estudiar Cabalá.
La única constante que conservo desde esa experiencia y del resto de mi vida es que no puedo dejar de ver el mundo con asombro, cada detalle, cada color del día, cada sonido, cada señal que me envía el universo. Siento que el cósmos me habla, y aprender a hablar esos códigos que nos rodean, por delante y por detrás, por arriba y por abajo, desde afuera y desde adentro, ha sido la labor de mi vida como filósofo, escritor y estudiante de Cabalá.
Pero el individuo no difiere de la especie. Así como en un post pasado me preguntaba sobre la posibilidad de que un filósofo terminara siendo un gran cineasta, ahora me pregunto si hay cineastas que escriben sus guiones en claves de Cabalá.
Encontré tres películas que me parece que sí lo hacen, filmes que son de culto, y que, a mi juicio, arman la mecánica interna de su relato empleando las claves de la Cabalá.
Mis pacientes lectores decidirán si realmente hay una conexión entre la sabiduría de los ancianos del desierto y los guiones esplendorosos de The Matrix, The Game y The Truman Show.
El juego que un dios juega con nosotros
En The Game (1997) de David Fincher, los guionistas John Brancato y Michael Ferris desarrollan la historia de un banquero exitoso en los negocios pero solitario (Michael Douglas) a quien su extravagante hermano (Sean Penn) le regala durante su cumpleaños un juego ofrecido por una misteriosa corporación. El juego consiste en aceptar una aventura, que tiene como escenario el mundo, y en la que no se distingue la realidad de la ficción del juego. O, más bien, la realidad del mundo entero es manipulada por la corporación para que el juego opere sus efectos catárticos sobre el desilusionado banquero.
El televisor le habla, recibe mensajes por todos lados, gente que él no conoce en la calle lo aborda, y lo sumerge en un vértigo de emociones, que llegan a poner seriamente en riesgo su vida. Se trata de un hombre sumamente racional, a quien los primeros escarceos del juego ponen en jaque: ¿es esto real? ¿es puro azar? ¿quién está manipulando la realidad para que yo vea todo esto?
La pregunta presupone que bajo la realidad que gracias a la ciencia y el hábito creemos fáctica, causa-efecto, subyacen otros movimientos más sutiles, más poderosos, capaces de alterar el curso del mundo ante nuestros propios ojos, rompiendo la causalidad. Ante los ojos de un personaje así de triste racional, este comportamiento de la realidad es un milagro. Y el milagro lo llama, “ven a jugar con nosotros”, pero el personaje, soberbio como todo racionalista exitoso, se niega a sí mismo esa ruptura, la ve como infantil, y se niega durante buena parte del inicio de la película, hasta que no le queda más remedio que aceptar y jugar. ¡Y qué juego!
Los cabalistas creen que la realidad funciona con causa-efecto, y dialogan con la ciencia, no tienen prejuicios en contra de la medicina, la física ni la química porque no son fundamentalistas religiosos. El big-bang y los universos paralelos son temas que han sido expuestos y prefigurados por los cabalistas en España y Safed en los siglos XV y XVI, como en el poema El Árbol de la Vida de Isaac Luria, el ARI.
Pero los cabalistas señalan que, aunque las leyes del universo no cambian porque tú se lo pidas (no existe el milagro a partir de la plegaria), hay leyes profundas, secretas, que, si conoces y te adaptas a ella, puedes prever los resultados de tus acciones y peticiones en el mundo con mucho más acierto que mediante la razón y la causa-efecto, por lo que parecería que realmente haces milagros.
Y esas leyes están alrededor de nosotros, nos rodean, nos envían mensajes constantemente, que pueden ser captados por nuestro inconsciente, por nuestro cuerpo, por nuestras células, y que debemos llevar a la conciencia, a la práctica mediante el estudio con los libros y el maestro adecuado, mediante la disciplina y la meditación, para subir en grados hasta alcanzar una conexión con esas “esferas superiores” (las sefirot), con esas luces y con esas energías.
Cuando nos enfrentamos a ese orden tan diferente, sorprendente, nos aterramos, lo negamos, pero una vez que aceptamos que viene de arriba, que incluso puede ser para nuestro bien, la vida cambia, se ilumina. Y el final puede ser una reconciliación no sólo con ese hermano extraño, sino también con la vida misma, con el cósmos, con los demás seres humanos y con todas las criaturas vivientes.
Pasa en la película The Game. Les pasa a los cabalistas.
El Mundo que se va creando a tu paso
¿Has tenido la extraña sensación de que a medida que caminas el mundo va cambiando, se va alterando, se va adaptando a tu paso y a lo que haces? Si giras a la derecha en la esquina, el mundo va a ser de una manera, si giras a la izquierda, será de otra manera, de manera que cada paso, cada palabra que emites, cada punto adonde diriges tu mirada, llega a ser un acto trascendental. Es como si el mundo se fuera re-creando a tu paso.
Puedes llamarlo sincronicidad, siguiendo a Carl G. Jung. Pero te aseguro que no hay nada más cabalístico que esa sensación, de que el mundo está conectado con cada paso que das. Es por eso que incluyo esta película dentro de los guiones que, según creo, tienen una profunda conexión con los códigos de la Cabalá.
En The Truman Show (1998) de Peter Weir, el guionista Andrew Niccol nos ofrece la historia de un cándido personaje (Jim Carrey), que vive en un mundo perfecto, el cual es por cierto un reality show, como los que están tan de moda actualmente.
Las cámaras lo siguen a todos lados, en su casa, en su trabajo, cuando hace las compras, tiene una esposa hermosa, un trabajo ideal, el mundo que le rodea es color caramelo, no parece haber enfermedades, es el paraíso.
Sin, embargo, en un momento determinado el personaje descubre no sólo que lo observan, sino que su vida es una ficción montada para entretener a otros, a los que están detrás de las pantallas.
Hay un ejército de personas que van a su lado, previendo cada paso, si gira a la derecha en la esquina, el grupo de cámaras deberán ir allí apresuradas, y esperarlo sin que él se dé cuenta. Si va al baño, las cámaras ocultas se activan. Incluso cuando va a ver e interactuar con su hermosa y perfecta esposa, sentimos que hay una preparación.
El personaje va a descubrir que está encerrado en pequeño un mundo ficticio, de cartón piedra, que la vida creada para él ha sido un escenario sobre el que debe actuar. Llega a los límites de ese escenario, rompe la cuarta pared y despierta a la verdadera realidad. Todo ha sido mentira. Tiene que aprender a vivir la vida real.
Algo parecido ocurre al final de The Game. Algo muy similar se siente cuando estudias Cabalá.
Sientes que la previsión divina te acompaña a todos lados. Según la Cabalá, a tu lado caminan constantemente miríadas de ángeles (entidades energéticas incorpóreas), que te allanan el camino, o te ponen obstáculos, de acuerdo a tu grado de conexión con la divinidad, a tu grado de alcance en el ascenso hacia las luces superiores.
Dios, según la Cabalá, te observa todo el tiempo, y va previendo cada paso de tu camino, aunque cambies de opinión y de decisión en el último segundo. El estudio desde donde controlan todos los pasos de Jim Carrey es una transfiguración de la omnisciencia del creador según los cabalistas. Y llegar al límite, descubrir los bordes de la escenografía de este estudio de televisión que llamamos la realidad, la vida, es el inicio de una ruptura para seguir más adelante, hacia otras realidades más profundas y densas, con otras reglas de juego, con otra manera de estructurar la vida.
Ya es un esquema normal en películas como Maze Runner o Los Juegos del Hambre, pero en su momento, esta película fue una ruptura, fue pionera (ya el guionista nos había entregado otra obra de culto, Gattaca), en el doble juego entre una realidad aparente y evidente frente a nuestros ojos, y una realidad subyacente mucho más rica, más interesante, más dinámica, para la cual vale la pena arriesgar la vida.
Los Wachowsky, cabalistas confesos
En una de sus clases, el cabalista argentino Javier Wolcoff contó que comenzó a estudiar Cabalá en Estados Unidos, por insistencia de un amigo venezolano que lo llevó a Kabbalah Center, la escuela del rav Berg donde acuden los famosos de Hollywood. En su clase, estaban dos hermanos cineastas que, según se enteró después, tenían un guión escrito en claves de Kabbalah que estaban tratando de vender en Hollywood.
Los hermanos Wachowsky vendieron la idea, y fue así como nació Matrix.
Se ha escrito mucho acerca de las claves cabalísticas de The Matrix, por lo que apenas bosquejaré tres, para concluir este post.
Hay una realidad que subyace debajo de las apariencias, y a la cual se puede acceder luego de un proceso de iniciación, estudio y sacrificio. Esto aparece en el filme, y es común no sólo a la Cabalá, sino a muchas otras disciplinas espirituales en todo el mundo, y que funcioaría como un arquetipo (Jung) o un monomito (Campbell).
La realidad que subyace, se ordena y se mueve mediante una matrix de cifras que podrían ser perfectamente como la Biblia hebrea (la Torá), cuyas letras tienen un valor numérico, y se permutan, se estudian, para alterar la realidad aparente y obrar especies de milagros a nivel de la conciencia del alumno, o, empleando las técnicas de meditación Abraham Abulafia, para alterar el mundo e incluso crear seres vivos, como en la leyenda del Golem.
Un grupo de matemáticos israelíes crearon un programa informático, sometieron las letras de la Torá a escrutinio, y descubrieron que detrás de las letras y las palabras existía un código secreto que permite prever acontecimientos (profecía) y encontrar los personajes y acontecimientos de la historia encriptados. Como han dicho los cabalistas de todos los tiempos, en la Biblia está encriptado el plan entero de la creación, desde el principio hasta el fin del universo. Eso es lo que se recrea en los algoritmos de la matrix.
Un último elemento es el energético. Al descubrir la realidad final, Neo se entera de que los humanos que no despiertan son como larvas, criadas por seres maléficos, que les chupan la energía para poder vivir. Si despiertas, dejarás de ser una larva, pero si te mantienes feliz y tranquilo dentro de tu simulación (recuerden The Truman Show), tu mundo será perfecto, un falso paraíso. Pero, ¿para qué arriesgarse? ¿para qué despertar si eso va a generar dolor, lucha, riesgos?
Es la pregunta filosófica que les dejo. La Cabalá te dice que aquellos que son felices con su vida simple, no deben ser despertados, no les debes alterar su pequeño paraíso. Pero hay seres como tú y como yo, que desde niños hemos visto el mundo de una manera diferente, que nos hemos dado cuenta de las costuras de esta realidad que se nos ofrece, que tal vez hemos vislumbrado que existe otra realidad más allá, más profunda, que vale la pena salir a buscar, sea dentro de nosotros mismos sea en el universo entero.
Esa realidad profunda, esa matrix, es provisión divina, es la que ha hecho que yo escriba este post, y que tú lo estés leyendo en Steemit, y que digas “Sí, es cierto, yo lo he sentido.”
Óscar Reyes-Matute / מתת