¡Hola comunidad hispana! he aceptado el reto propuesto por la editorial (que ahora es 4cuentos) en su primera edición de "Mundos posibles", me animé a escribir este sexto nivel, para que entiendan mejor la historia, les comparto los niveles anteriores:
Nivel 1
Nivel 2
Nivel 3
Nivel 4
Nivel 5
La guerra final
Sin dudarlo un segundo, Rupert distrajo lo más que pudo a Belcebú, la cabeza ahora convertida en un mártir de Marlene, fue el objetivo para darle chance a Miguel de acabar de una vez, con esta maldita situación que tenía a todos agonizando del terror. Pero mientras el tiempo pasaba esperando a las fieras convertidas en seres con suma superioridad, se acordó de su miserable vida después del experimento que cambió totalmente su apariencia física.
A decir verdad, a Rupert no le interesaba en lo absoluto, parecer guapísimo delante de los ojos de los humanos, él solo quería largarse a otro universo, otra galaxia, a otra constelación, donde pudiera olvidar su amarga existencia.
Recibir en las coordenadas 42º 23’ 55.39” N; 2º 53’ 03.70” E. al 33 batallón de arcángeles, era la ayuda necesaria que todos buscaban, Miguel para huir de ese asqueroso puticlub, y Rupert para por fin, aprovechar la oportunidad junto a Ydregaf y Mojiglif, tomar la nave, e irse lejos.
Rupert, antes de que el cuerpo de Belcebú le tocara, no tuvo otra opción, que dirigir otro de sus tentáculos, hacia el pecho de los jóvenes Tito y Nalita. Ramón Pavlov Belcebú, era un ser fácil de dominar, a simple vista y de vez en cuando parecía intimidante, pero esta era solo una de sus mil estrategias para contrarrestar al adversario, y le resultaban, había ganado un millón de batallas con seres de otras galaxias, menos con sus peores enemigos: los arcángeles.
Los arcángeles eran perfectos, él no, y Rupert lo sabía, su debilidad era la sangre de humanos, y los cuerpos desmembrados eran sus favoritos. Belcebú es como un perro con un hueso, o un gato con el pescado, al detectar tal olor, es imposible que no se revuelque para complacer a su paladar. Pobre inútil, pensó Rupert.
El plan funcionó, 33 batallón de arcángeles, entró en las coordenadas 42º 23’ 55.39” N; 2º 53’ 03.70” E. Y a primera vista se encontraron con el Comandante en Jefe de las Tropas Libres de Lucifer, pero Rupert se había equivocado, Belcebú no era ningún idiota como pensaba. La sangre de humanos, solo lo entretenían por unos pocos minutos, no por más de media hora, como ya había transcurrido.
Belcebú desde hace mucho tenía un propósito, y quizás este era el momento para cumplir su misión ante el mal: acabar con la multitud de arcángeles. No acababan de percatarse, cuando a espaldas de los arcángeles se encontraban un centenal de demonios, no uno, ni un millón, si no un universo entero.
¡Al diablo! Esto no tiene que ver conmigo ni con ustedes, dijo Rupert refiriéndose a Ydregaf y Mojiglif.
Miguel observaba todo el alboroto, sabía que posiblemente sería su fin y el de su gente. Entonces se dirigió a Rupert diciéndole: váyanse lo más lejos posible, nadie lo notara, ahora no eres el clavo de Belcebú sino mi hermano Gabriel.
Rupert, no podía irse dejando a la suerte a los arcángeles, así que tomó la nave junto a Ydregaf y Mojiglif, y fueron en busca de Rafael, líder principal del 34 batallón de arcángeles. En su intento de regresar a las coordenadas donde se estaba dando la más grandes batalla de la galaxia, no pudieron acercarse tanto como debían.
Un momento antes, y justo en el instante que Belcebú apuntaba con el arma de destrucción masiva al cuello de Gabriel, la guerra química había terminado, resolviendo un gran misterio: Fred y Tomás llegaron a la cima de la barra, provocando una gran implosión, que solo ocasionó la apertura de un agujero negro, el cual consumió todo el lugar.
El final, no lo creo, es el inicio de otra batalla, prontamente saldrá otro líder que será igual o peor que Belcebú, dijo Rupert.
¿El fin?