LA EPIDEMIA DE BAILE
Esto ocurrió en el siglo XI en varias partes de Europa, pero el caso más documentado que hay data de 1518 protagonizado por una mujer llamada Frau Troffea. Esta mujer, era una mujer humilde, normal, ni demasiado rica ni demasiado pobre y sobretodo, no tenía problemas de salud. Hasta ese día. Ese fatídico día de julio en el que, de la nada, comenzó a bailar. Sin parar. No podía parar. Era una energía extraña.
Nada indicaba que le ocurriese mal alguno, ni tenia ningún tipo de trastorno psicológico. Podríamos decir que era un acto reflejo, pues lo hacía sin querer. Además, a veces caía desfallecida, y parecía quedar en letargo, pero al levantarse siempre volvía a sus coreografías.
Esto duró 3 días, 3 días de baile sin descanso hasta que las autoridades se dieron cuenta de que pasaba algo raro y decidieron llevarla a un sanatorio. Un sanatorio en el que había más personas, obviamente. En aquella época los avances sanitarios no eran tan rápidos como hoy en día y... pasó lo que tenía que pasar. Por lo visto, esta enfermedad era bastante contagiosa y, al primer día que Frau ingresó al sanatorio, infectó a unas 30 personas que no podían dejas de bailar.
Las autoridades, aconsejados por los médicos de la zona, decidieron organizar una banda de música y dejar que todas aquellas personas, que creían que habían caído en una especie de histeria colectiva, se desfogasen. Incluso contrataron a músicos de pueblos cercanos y a bailarines para estimular esta especie de fiesta.
Fue una malísima idea. Pero malísima. Ya que los infectados crecieron exponnencialmente. Se podían contar más de 400. Pero los médicos tenían una hipótesis. Creían que la sangre se había calentado y al llegar a su cerebro había provocado estos espasmos involuntarios en forma de baile. Lo raro es que ninguno tenía los mismos espasmos, sino que eran respuestas inconscientes a una especie de música interna al que todos estaban obligados a seguir. Pero era eso, una hipótesis. Por si esto fuera poco, los vecinos que aún no estaban infectados, estaban aterrados, ya que esta enfermedad le provocaba a uno no tener el control total de su cuerpo y mucha gente moría de agotamiento.
La epidemia duró hasta principios de septiembre, cuando desapareció tan misteriosamente como había aparecido. Las autoridades investigaron el caso y mantuvieron en sanatorios a los afectados que habían participado de aquel baile durante meses, intentando averiguar las causas reales de aquella epidemia.
Hoy en día, los historiadores aún no saben la causa de esta rara enfermedad. La causa más plausible es el consumo de cornezuelo, un hongo que contiene alcaloides que contienen ácido lisérgico. Crece junto al centeno y la cebada, así que en la Edad Media no era extraño encontrar trazos en las hogazas de pan. Aunque lo que provoca este componente normalmente no es eso, sino necrosis y gangrena.
El misterio continúa y se ha repetido muchas veces a lo largo de la historia. La mayoría de casos se sucedían en momentos de gran hambruna, lo que ha llevado a la hipótesis que el hambre podía provocar fiebres altas que provocaban el descontrol y el desenfreno. De hecho, se conoce que la gente que visita capilla de San Vito en Drefelhausen, baila hasta el hartazgo. Se dice que una mujer que visitó esta capilla, bailó por 20 años. Otra por 32.
INCIDENTES
El primer incidente relacionado con este mal se remonta al año 1020 cuando en la localidad alemana de Bernburg, 18 campesinos comenzaron a cantar y bailar sin descanso en la víspera de Navidad. En el año 1237, un grupo de niños caminó desde Erfurt a Arnstadt, un total de 25 kilómetros, cantando y bailando todo el camino, lo que dio pie al célebre cuento "El flautista de Hamelin". En 1278, 200 personas no dejaron de bailar en un puente sobre el río Mosa en Alemania y la estructura acabó cediendo matando a la mayoría. Y el 24 de junio de 1374, un brote en Aquisgrán que se inició el 24 de junio se extendió por Colonia, Flandes, Franconia, Hainaut, Metz, Estrasburgo, Tongeren y Utrecht, llegando el recuento de afectados a superar el medio millar. Incluso el pintor Pieter Brueghel el viejo fue testigo de un brote en Flandes en 1564.
El último caso reportado fue en Madagascar en 1840 y no ha vuelto a reproducirse. Ha tenido brotes paralelos, como los que se asociaba en Italia a la picadura de una araña y que dio pie al baile de La Tarantela. Y así nació Spiderman. Las epidemias del mundo apoyando al cine.