Amigos de Steemit posiblemente algunos de ustedes estén al tanto de la deplorable situación política, económica y social que vivimos en Venezuela. El tema ocupa estelares espacios en medios digitales y en las redes sociales. Resulta complejo citar las causas de la crisis que azotan al país donde germinaron ideas y gestas independentistas contra el yugo español. Otra bota nos pisa hoy pero no precisamente la tan “cacareada” bota norteamericana.
Modelos políticos fracasados de Cuba y Rusia se han ido implementando a lo bravo sin consulta previa en el país petrolero del tercer mundo que se vislumbraba con mayores posibilidades de crecimiento y progreso.
Descarada corrupción, enriquecimiento ilícito; complicidad de poderes; reaparición de enfermedades mortales; miles de casos de desnutrición ; escasez de medicamentos para el cáncer, VIH, diabetes, hipertensión; desempleo y salarios pírricos; inseguridad; empresas quebradas; instituciones 100% politizadas; control y seguimiento de los medios de comunicación social; crisis energética; deserción escolar; contrabando “prácticamente legalizado” de todo tipo de especies (billetes de la moneda nacional, gasolina, comida, medicamentos, repuestos, equipos e insumos médicos); suelos fértiles improductivos por falta de divisas para semillas y fertilizantes; importación desmedida para garantizar el apoyo de gobernantes foráneos que subsisten de nuestro oro negro y otros minerales, en fin. La lista es casi interminable.
Todo ese caos ha sido protagonizado por “un partido político” enquistado en el poder desde hace 19 años. ¿Quiénes le sostienen allí? aunque no lo crean los responsables son los más pobres del país. Y ¿cómo pasó esto? se preguntarán ustedes, pues gracias a las “dádivas” o a los “míseros beneficios” que usa el gobierno para saciarles el hambre por unos pocos días.
En otra parte de la historia, cansados de protestar y ver caer asesinados a cientos de manifestantes en todo el territorio nacional, miles de profesionales universitarios, técnicos, estudiantes y obreros decidieron huir despavoridos a países vecinos del Sur, a ciudades de los estados Unidos de Norteamérica, de Europa o a los Emiratos Árabes, principalmente, en búsqueda de alternativas para garantizar el sustento de sus familias.
Ante este macabro panorama estamos otros. Aquellos que decidimos quedarnos en el país que nos vio nacer, donde estudiamos y formamos familia dando la batalla hasta el final. Otros que se quedaron por no contar con los recursos mínimos para emigrar y otros al cuidado de sus ancianos padres.
Allá o aquí los venezolanos nos mantenemos unidos. Tenemos uno o dos trabajos fijos y matamos cualquier “tigrito” que salga por ahí. Sencillamente reímos para no llorar. Hacemos uso de la sátira para contrarrestar el pesimismo y el mal humor. No nos doblegamos. Permanecemos de rodillas ante Dios pero de pie ante los hombres. Ante estas historias que les cuento tenemos de aliado el cancionero popular. Nuestros trovadores tiñen sus obras de justos reclamos pero también de mensajes optimistas, conciliadores, esperanzadores, que promueven la confianza y apuestan a la fe.
La música y las canciones tienen fundamentalmente la clara intención de entretener pero los hacedores de canciones de aquí y fuera de sus fronteras han asumido muy en serio su rol. Alzan sus voces en defensa de los intereses de su gente. Es allí donde la música se viste con un claro propósito social.
Frente al infortunio en Venezuela no se canta por cantar.