Para empezar puedo decir que yo no elegí mi hobby, el me eligió a mí. Comencé a tejer sin imaginar que con el tiempo se convertiría prácticamente en una adicción, o sea que más que tener un hobby tengo una adicción de las buenas. No soy de las que aprendieron de pequeñas a tejer con la abuela, que en mi caso es la única que recuerdo que tejía en mi familia, y aunque la observaba sentarse cada tarde en el patio de su casa con el hilo y las agujas a tejer hermosos paños de mesa y una gran variedad de artículos, nunca me llamo la atención, si, lo encontraba muy bonito y todo pero sentía que no era para mí.
Al principio no fue fácil, muchas equivocaciones, perder puntos, tejer y destejer hasta el cansancio, repetir una y otra vez los mismos pasos causaban en mí una gran frustración, lo soltaba y volvía a tomarlo pero ya comenzaba a sentir la conexión, me sentía como atrapada por los hilos y llego el momento en que fue imposible dejarlo.
Poco a poco fui queriendo saber más y más. Me involucre de lleno en el grupo de tejedoras, con el cual desarrolle una gran empatía y busque mucha información en internet . Compre todo el material que pude, muchos pero muchos hilos en todos los colores que encontré, agujas de todos los tamaños, creo que exageré, y me sentaba por horas a realizar cuanto trabajo veía. Tejía, tejía y tejía y no me daba cuenta del tiempo que pasaba. Muchas veces amanecí con el hilo y la aguja en las manos y un montón de trabajos pequeños a mí alrededor, unos mejores que otros, que había hecho sin darme cuenta. Fue una gran revelación para mí porque por lo general pierdo el interés con facilidad y termino abandonando.
Cuando tejo me siento feliz, relajada, me sumerjo en un mundo de colores, formas, textura y tamaños al que he ido agregándole mucho brillo, me encanta el brillo y en el crochet no hay límites pues te permite agregar todo lo que a tu imaginación se le antoje produciendo un resultado único donde dejas un pedacito de ti, de tu personalidad, aderezado con el orgullo y la satisfacción que se siente al apreciar la obra que has creado con tus propias manos.
He aprendido a tejer de todo un poco pero he dirigido más mi trabajo hacia los bebés y las niñas y mi mayor inspiración ha sido mi hija de 9 años, me encanta verla lucir con orgullo lo que su mamá ha hecho para ella.
Cuando comencé a tejer el material era muy accesible, todavía teníamos en Venezuela algo de poder adquisitivo y llegaban al país una variedad de hilos de diferentes lugares del mundo lo que hacía a mi hobby fácil de mantener. Hoy día la realidad es otra, no es un secreto para nadie la situación por la que atraviesa mi país y esto ha afectado la capacidad de muchos venezolanos de mantener cualquier pasatiempo, en mi caso, el mío se volvió muy costoso y el material escaso por lo que ya no lo práctico con la libertad que quisiera pero viendo el lado positivo ha pasado a ser un “ingreso extra”, y he convertido mi pasatiempo y mi pasión en parte de mi vida cotidiana, de vez en cuando me entristezco pues no puedo dejar volar mi imaginación tanto como quisiera, sino que debo responder a las peticiones de otras personas, sin embargo mí ánimo y mis ganas de seguir se ven alentados al recibir agradecimientos y felicitaciones por un trabajo bien hecho. Debo decir que en el crochet conseguí un amigo, un refugio, un mundo mágico donde puedo saborear el silencio de mis pensamientos, y con el que ofrezco un regalo donde mi tiempo, mi arte y mis sentimientos están sumergidos en cada centímetro de tejido.
Pero no pierdo la esperanza de que en un futuro no muy lejano esta situación de país cambie y yo pueda retornar a lo que me apasiona libremente. Me veo sentada, relajada y despreocupada, perdida en mis pensamientos rodeada de mi hilos, contando punto tras puntos, dejando volar mi imaginación y saboreando de la creatividad que fluye a través de mis manos, disfrutando del tejer por puro placer y no como una forma de ingreso, con la presión de un tercero y por perseguir un pago, en esa esperanza y en esa visión siembro mi perseverancia y día tras días sin importar lo difícil o costoso, invierto un poco en mí, dejo a tras las obligaciones y la difícil situación, para mis tejidos, porque al final nació de aquella alegría que me transmitió este pasatiempo por lo cual me reusó a abandonarlo.
Con esto concluyo este relato, donde abro mi alma y dejo libre mi voz a cualquiera que se sienta identificado con un hobby que desarrollo espontáneamente y al tiempo, donde dejo testimonio que nunca es tarde para aprender algo y de amar lo suficiente como para que aun en la más desesperanzadora de las situaciones, puedes conseguirla con algo tan genuino y simple, que podría hasta llamarse milagroso, donde puedas apartar toda carencia o tristeza en solo agarrar una aguja, y empezar a contar puntos.
Si tuviera que explicarle mi pasatiempo a un extraterrestre, ¿cómo lo haría?