Tomo el reto de para hablar de mi nombre en Steemit, que en mismo caso de él, es mi nombre de pila, pero que a diferencia de él -por falta de tocayos de mi edad y en Venezuela- todas mis redes sociales y mis correos (hotmail y gmail) son Jeanfreddy. Así me puedes buscar en Twitter, Facebook, Linkedin y Youtube, e incluso excavar en MySpace y Hi5, mientras aclaro, ¡yo no tengo Instagram!
Aprendí a leer y escribir a muy temprana edad. Me pasaron de preescolar, donde estaba con mi hermano Joel de 4 años, a primer grado a mitad del año. Recuerdo la primera clase: conjuntos y subconjuntos en matemáticas. Así que por mi precocidad, hablaba más con adultos que con niños, había leído varias enciclopedias y era lo que se llamaba un cerebrito. Por lo que noté que repetidas veces las enfermeras, doctores, maestras y papás que llenaban las tarjetas de cumpleaños escribían mal mi nombre. Yo aprendí a repetir: "Jean como en francés y freddy con doble d e y griega", como se decía entonces.
Aún así, tengo una docena de certificados de cursos y talleres con mi nombre en ortografías insolentes.
La historia de mi nombre es tan tierna, e imposible, como una novela de realismo mágico, que la atesoro desde muy pequeño, sin atreverme a pedir una nueva.
Según mis padres, Mireya Margarita y Freddy, el día 8 de marzo de 1978 estaban en París, capital de Francia, con mi mamá teniendo 9 meses de embarazo. Eso me era creíble porque en mi casa hay cientos de fotos de mi papá con cabello largo y pantalones acampanados y mi mamá hippie en Argentina, México, España, Portugal y Francia. Además, habían discos y papeles de Avianca, la aerolínea colombiana, con el nombre de mi papá.
Como mi papá era el presidente del sindicato, lograba brincarse las normas y subir a mi mamá en el avión en tal estado de gravidez.
Resulta que volando sobre el océano Atlántico, entre Europa y Suramérica, mi mamá empieza a tener dolores de parto. Yo iba a nacer en un avión, a miles de kilómetros sobre el inmenso mar y entre las nubes. Tal insólita posibilidad llevó al capitán del avión a acercarse para explicar las inesperadas consecuencias: se me otorgaría una documentación con una especie de ciudadanía universal que a los 18 años me llevaría a elegir la nacionalidad que quisiera, por nacer en aguas internacionales. Podría ser francés o venezolano.
Yo quedé boquiabierto, era maravillosa esa posibilidad de poder entrar y salir por todos los países del mundo gracias a ese nacimiento de altura. Imaginaba al capitán con su uniforme de gala dándole ese informe a mis padres. Yo era un apátrida infantil, que soñaba con hablar varios idiomas, dedicarme a la crítica culinaria (porque empecé a imaginar que esa ciudadanía me llevaría a entrar y disfrutar gratis de muchas cosas) y un inventor famoso. Escribiría libros también, porque los niños soñamos con tener varias profesiones, cuadrando la agenda sin sufrimientos.
Pero la ambulancia esperaba en Maiquetía, y el bebé volador nació en La Candelaria, Caracas, lejísimos de los Campos Elíseos. En honor, y por si acaso -supongo- todavía había chance, en una muy arraigada costumbre venezolana, me pusieron el nombre combinado de Jeanfreddy, que un amigo argentino pronuncia Shanfreddy y mi amiga francesa que conocí en España como se debe decir, y no "Yan" como decimos en Venezuela.
Yo he viajado, en avión, por Venezuela y he salido y entrado así de Estados Unidos, México, Panamá, Costa Rica, Alemania, Francia, Turquía, Holanda y España, vía terrestre también por Colombia (hasta Bucaramanga) y Holanda, cumpliendo esa impronta infantil de viajar por el mundo que mi papá me inspiró tantas veces, aunque me falta la Torre de Pisa que supuestamente visitaríamos a mis 16 años.
Atesoro las historias de amigos y amigas que se llaman Ruxandra, Maily, Lorien o mi esposa @Aruska, o mi abuelo Anacleto.
Y en cada redsocial, como en Steemit, uso mi nombre de pila. Aunque mi mejor amiga, Maily, siempre cuenta que un día borracho dije que quería llamar Juan Carlos Hernández, para pasar desapercibido, que nadie me reconozca porque siempre me dicen: ¡ah, Jeanfreddy! y al menos se acuerdan del nombre. Algo que realmente es muy bueno y agradezco, pero el alcohol puede hacernos esas cosas.