Su manera de hablar siempre consiguió grabarme lo que creía importante en
cada conversación. Sabía que imponerse era una manía superflua, un vicio
de carácter que con frecuencia sale a relucir entre los de acá. El resultado ha sido,
que la frase que mejor recuerdo, es como la punta de un océano (vasto, como no, cuyas
olas son el dolor), que casi siempre es mejor no descifrar. Intentaré reproducírtela
ahora:
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