En un mundo muy nuevo, sin expectativas ni maldad, Rose seguía a Gael. Él quería mirar sus dientes, ella los tapaba con su mano, riendo.
Duncan los observaba en su sutil cortejo, la deseaba como esposa. Al tiempo se hizo solitario, torvo, miraba las piedras, las estacas, sopesándolas.
Este cuento va dirigido a participar en la interesante iniciativa de , con la que incentiva lo imaginativo.
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