"Carmelo Caramelo" es un anciano que en sus años juveniles era muy jovial, alegre y dicharachero, no cursó estudios académicos de avanzada escuela, pero como vendedor de frutas y golosinas era el mejor administrador de empresas, y su agudo sentido del humor, era su mejor credencial para salir airoso a la hora de negociar con sus proveedores.
Don Carmelo, se hizo de una esposa y una descendencia, siendo un padre y esposo ejemplar; proveedor de amor y de todos los recursos necesarios para colmar de bienestar a su preciada familia.
Pero resulta difícil obtener la felicidad completa en la vida, y a este buen hombre, la risa de a poco fue tornándosele en una mueca de tristeza y melancolía, signada por la traición y el abandono.
Sorprendió en acto de flagrancia, a su esposa con su amante, en uno de esos días que por circunstancias ajenas a su voluntad, le tocó llegar más temprano a casa de lo acostumbrado, para encontrarse con una escena nada indecorosa protagonizada por su prenda más amada y un intruso desconocido.
Incidente que lo invadió de coraje e indignación, para luego quedar sumergido en un profundo océano depresivo.
Pero lo más triste, fue enterarse de la complicidad de sus hijos, apoyando la infidelidad de su madre.
Nuestro amigo Carmelo se quedó sólo en la casa que otrora fuera su dichoso hogar, luego de que su mujer e hijos lo abandonaron y marcharse con su nuevo benefactor.
El solitario caballero Intentó continuar con su vida dentro del marco de la normalidad, aunque ese sabor amargo de la traición jamás lo abandonó, intensificándose con los años y aun más, con la sórdida soledad que lo invadía.
Soledad que lo golpeaba con mayor fuerza, durante esos días festivos de la navidad.
Por lo que en la búsqueda de un milagro que lo ayudara a llenar ese vacío.
Nuestro amigo encontró refugio en la calle, sentado en las plazas y aceras en compañía de indigentes, con quienes trabó algunas amistades pero también enemistades.
Con las que más de una vez se vio envuelto en riñas y peleas callejeras que lo condujeron directo a la cárcel.
Entre barrotes encontró una suerte de hogar que compensaba de alguna manera sus carencias afectivas.
Se dio cuenta que si se metía en problemas, regresaría a prisión y volvería a reunirse con su “anti –familia” con la que compartía los alimentos, podía conversar más cálidamente, y reconstruir al menos un poco, ese edificio moral que lo tenía completamente derrumbado.
“El Don”, siempre orquestaba situaciones en la que propiciaba desencuentros con sus amigos de la calle, que lo inducían a cometer delitos menores para que lo apresaran y así reencontrarse con “los suyos”.
De esa manera Don Carmelo Caramelo buscó ayuda tras los barrotes de una cárcel, en donde además de purgar sus infracciones, logró exorcizar la tristeza y la soledad que lo oprimían.
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Gracias a los organizadores del concurso, por tan bella oportunidad