Foto propiedad de la autora
Era su oportunidad, el Carnaval daba carta abierta.
Llegó al closet de su hermana, esa que siempre criticó por sus atuendos.
Con algo más que eufórica envidia sus manos fueron seleccionando el disfraz perfecto.
Ya con su atuendo indecoroso, sólo quedaba colocarse la máscara.
Caminó hacia esa esquina prohibida, pasado menos de 5 minutos la bocina de un auto llamó su atención.
Sin pensarlo, entró al auto, y sin quitarse la máscara logró después de 20 años que sus gritos de placer se confundieran a los gritos de las comparsas.
Si deseas participar visita esta pagina link