‘’Si la abeja desapareciera de la superficie del globo, al hombre solo le quedarían cuatro años de vida: sin abejas, no hay polinización, ni hierba, ni animales, ni hombres”. Lo predijo Albert Einsten. Aquellas palabras han ido tomando relevancia con los años, y hoy sostienen una de las grandes alertas ecológicas del momento.El potente zumbido de estos insectos acompasa la buena marcha de los ecosistemas terrestres. De flor en flor, cada una de las 20.000 especies contribuyen a perpetuar la vida a través del polen, ese oro negro que arrancan del interior de las flores. Ahora, corren peligro de desaparecer. Sin ellas, el mundo se quedaría sin su mayor séquito de polinizadores naturales. Su extinción abriría un episodio apocalíptico en la humanidad.