Muchas veces no somos capaz de hacer caso a las advertencias, incluso cuando son tan evidentes que parece mentira haber tentado a la suerte para terminar cayendo. A veces se nos olvida que cuando algo está caliente, quema, o que cuando algo tiene pinchos, pincha. Perdemos ese miedo que entra dentro de ese sentido común que nos hace no intentar cosas que sabemos que no van a acabar bien.
Se dice que si no se intenta no se consigue. Totalmente cierto. Pero lo que es innegable es que hay veces que la línea entre la locura y la cordura es tan fina que nos cuesta ver cuál es la mejor opción, incluso cuando es tan evidente que somos los únicos que no logramos verlo. Habrá que seguir pinchándose... ¿no?