El sonido del chisme vespertino invade mi sueño.
-Esa señora ni sube las escaleras. Trabaja allí en la computadora todo el día y está muy gorda. Por aquí hacen ejercicio en las mañanas. Le voy a decir porque ¡imagínese!
Finjo que estoy dormida porque sé que mi esposo no lo está. Se que ella, mi nueva casera, habla de mí con mis ahora vecinos. Pretendo que no escucho para no tener una conversación incómoda con mi pareja. Después de todo, ¿a quién le gusta ser el animal del circo de chismes de la vecindad?
Pero es inevitable. Estoy en un lugar pequeño en el que cada respiro se escucha en la habitación contigua. He escuchado a mis vecinos pelear, gemir de placer y cómo no, cagar. Estoy segura de que ellos también me han oído, al menos en la última actividad porque mi esposo se fue días después.
Intento no molestarme. Ver el lado positivo de la vida. Quizá mi casera realmente está preocupada. Es que tiene razón, estoy muy gorda.
Lo estoy desde que nací. En mis fotos de bebés estoy llena de rollitos, de esos que encantan tanto cuando eres bebé, pero que cuando entras a la adolescencia, se convierten en un problema. "Eres gorda de nacimiento. Nunca vas a rebajar", me dijo la compañerita de clases cruel de turno. Aparentemente tenía razón porque a mis 30 años, peso más de 100 kilos y mido 1,63. Mi amor por los dulces y la afición de mi esposo de comer chatarra tampoco ayudan a la causa.
Pero intento no prestarle atención, más allá de lo obvio. Intento pasar desapercibida entre la gente (cosa difícil cuando eres tan redonda) y evito ciertos comentarios y chistes que pondrán en evidencia mi obesidad. O a veces, me río al respecto: "yo soy puro tamaño, nada de fuerza", le decía a una vecina en estos días quien se echó a reír. La gorda graciosa es mejor que ser la gorda amargada. Misión cumplida.
Cuando finalmente finjo despertar, mi esposo me pregunta si he escuchado algo. "Nada, estaba dormida", miento. Él sale a cocinar y de inmediato es invadido por mi casera:
-Le iba a decir... su esposa está muy gordita. Aquí en la cancha hacen ejercicios todas la mañanas. No es bueno que esté así. Yo tengo más de sesenta y míreme lo delgada que soy.
Él regresa con el desayuno y ya no puedo mentir. Mi habitación queda justo frente a la cocina. Decir que no escuché no tiene sentido.
Pero mi esposo decide ilustrarme mucho más. El día anterior estuvo hablando largo y tendido con la mujer en cuestión, quien le contó sobre su "gordofobia". Hace unos años, un hombre pasado de peso tuvo un infarto y descubrieron el cadáver pasados varios días. Apestaba la habitación y tuvieron que sacarlo con todo y colchón. La pobre quedó aterrorizada ante la idea de que algo así pudiera ocurrirle.
-Aquí vivía una mujer que también trabajaba en casa. Nunca salía de esa habitación y estaba gorda. Respiré cuando se fue.
Verán, en 30 años, ser gorda me ha valido muchos rechazos. Los chicos se cansaron de hacerlo una y otra vez, incluso cuando mi intención era solo una amistad. Que la gorda se enamore de uno es un problema. También me valió burlas en mi primer día de pasantía en un periódico regional. Meses después, un compañero fotógrafo me lo confesó: "bueno... dijimos que eras muy gorda".
Aunque nunca me ha pasado (hasta ahora), mi peso probablemente me limite a obtener algún trabajo porque buena presencia también significa estar delgada. Y claro, las tiendas de ropa se han encargado de rechazarme desde que llegué a la veintena, cuando me vi forzada a irme a la boutique de gorditas, donde la ropa siempre es la misma y cuesta más.
Eso sí, jamás en la vida una casera me había rechazado por ser gorda. Pensé que en este tipo de relaciones, el pagar a tiempo era lo que importaba. Aparentemente, también debo tener la figura "perfecta" para poder alquilar un sitio, algo que es exclusivo para mi género, pues no solo mi esposo también tiene varios kilos demás, sino que me he topado con un vecino, barriga al aire, por los pasillos. Ambos han pasado "lisos" ante la fobia de mi casera.
Pero aquí estoy, desbloqueando un nuevo nivel, rechazada de una residencia por ser gorda. ¿Qué nuevos rechazos me deparará la vida?