Había algo en el aire esa noche. Algo oscuro y maligno. Mi amigo y yo estábamos sentados en el porche trasero, rodeados por las sombras de la noche. Había llevado mi tablero Ouija conmigo, sin siquiera saber por qué. Me sentía como si algo me hubiera arrastrado hacia él.
Mi amigo y yo empezamos a jugar con el tablero, preguntando a los espíritus por sus nombres y por qué estaban aquí. Al principio, todo parecía normal. Pero entonces, las cosas empezaron a ponerse extrañas. El planchette empezó a moverse por sí mismo, apuntando hacia letras que no parecíamos haber tocado.
De repente, el planchette se detuvo en la palabra "demonio". Mi amigo y yo nos miramos el uno al otro con una mirada de puro terror. No podíamos creer lo que estaba sucediendo.
Entonces, el planchette empezó a moverse de nuevo, esta vez apuntando hacia la palabra "infierno". Mi amigo y yo empezamos a sudar frío y a sentirnos mareados. Algo maligno estaba tratando de comunicarse con nosotros a través del tablero Ouija.
De repente, el planchette se detuvo de nuevo, esta vez en la palabra "maldición". Mi amigo y yo nos miramos el uno al otro con los ojos como platos. Sabíamos que debíamos detener esto de inmediato. Pero era demasiado tarde. El demonio ya había sido invocado.
Los días siguientes fueron una pesadilla. Los espíritus malignos se movían por toda la casa, haciendo cosas extrañas y perturbadoras. Mi amigo y yo no podíamos dormir, ni siquiera podíamos estar solos. Estábamos atrapados en un infierno creado por nuestra propia estupidez.
Nunca volví a tocar un tablero Ouija. No quiero arriesgarme a invocar otra vez a algo tan maligno y peligroso. No quiero arriesgarme a que mi vida se convierta en una pesadilla eterna.