Venezuela, un país que ha dado mucho de que hablar y no precisamente por sus cosas buenas. Quizá, de alguna manera, tengamos nuestras riquezas, nuestra demarcada cultura y nuestra idiosincrasia tan peculiar. Venezuela es un país que, geográficamente, es perfecto. Contenemos en si una variedad exquisita de paisajes, lugares y riquezas que tan solo, con una administración correcta y sobre todo con una conciencia limpia, pudiéramos pespuntear a ser uno de los mejores países. Venezuela es esa mujer que te atrae con su personalidad, te seduce con su sonrisa pero que internamente tiene muchos problemas. Quizá son problemas normales en una persona... pero no en un país. El día a día del venezolano no es mas que una serie de eventualidades que nunca te imaginarias o que nunca te esperaras. Es sorprenderse con una realidad tan abrupta, es llorar por el riesgo de tus sueños, es la frustración y sobre todo es la esperanza. Si, aunque usted no lo crea los venezolanos tenemos una esperanza única. Tenemos una aval exquisita en la frase: "Lo mejor esta por venir" cuando seguramente no sera así pero lo hacemos para no desanimarnos. Venezuela tiene problemas, quizá el problema somos nosotros pero increíblemente también somos la solución. Somos la medicina de la enfermedad que causamos. Es quizá hora de reaccionar -nunca es tarde- para curarnos de este mal. Aunque el problema es meramente político, económico nosotros tenemos una dosis de veneno inyectada con nuestra personalidad y nuestra viveza. No hace falta que otro país solucione nuestros problemas cuando el problema somos nosotros mismos. Día a día permitimos la burla, la desidia, los problemas sin solución y que nos pisoteen. Es por eso que quizás este letargo sea absolutamente racional y obligatorio vivir por el simple motivo de que al nacer una convicción de cambio nos hará diferentes. Y que dentro de unos años, sabremos que nunca volveremos a retroceder donde actualmente estamos.