Estoy haciendo como que la vida no puede conmigo
Todos sabemos que la vida nos da golpes, ya lo decía César Vallejo, que te quiebran el alma, que te arrinconan y te dejan tirado en el suelo. Pero lo mínimo que tú esperas es que esos golpes no sean tan seguidos, que después de una herida te den la oportunidad de sanar, de levantarte de la caída y continuar sin miedo. Pero hay días en los que aunque se diga que el mundo es redondo, te sientes arrinconado en una esquina y de allí se te hace imposible salir. Entonces tú y la vida es un derrumbe, un escombro.
En los últimos meses, cual animal acorralado, he visto que soy víctima del miedo, de la desesperanza, de la conciencia plena de que vivo en un país que se fue por la cañería. Sentir un estado de indefensión y de angustia cuando sales a la calle, puede ser normal en estos tiempos, pero sentirte amenazado y triste en tu propia casa, ya eso puede rayar en lo patológico. El país está enfermo, pero también enfermamos nosotros. La vida aquí es malsana, muerde como un animal feroz, aniquila enterrando sus colmillos, la daga.
En una parte de nuestra vida nos hicieron creer y quisimos creer que las cosas cambiarían, el camino se enderezaría como si de un árbol joven al que le cortan sus ramas, se tratara. Pero no. Nada ha cambiado y si ha cambiado es para hundirnos más, para sentir el agua estancada en nuestro cuello y en nuestras narices. Ya estoy cansada de caer, tropezar, rasparme el alma con cada intento. Decir que sí puedo cuando cada día se me hace más difícil levantarme, poner la mejor cara, intentarlo. ¿Porque quién dijo que no da vértigo volver al abismo, quién dijo que al caer se pierde el miedo? Tanto miedo sentimos en cuanta caída tenemos, que ya somos sobrevivientes del precipicio.
No quiero ser pesimista, pero tampoco puedo dejar de ser realista: es una onda expansiva que destruye todo en mí. Porque hay días, sinceramente, que provoca quedarse en el fondo y no volver a subir. Hay días como hoy que te das cuenta que tienes la fragilidad de un cristal y que te rompes de nada, que no hay cuerpo coraza, que no eres autoinmune al dolor, que eres piel y corazón.
Estoy haciendo como que la vida no puede conmigo, pero va ganando. Triste en este día cuando te das cuenta que no tienes salida y el llanto en este país ya parece un eco.