Vuelve el comienzo de curso y a la hora de preparar la merienda para el cole hay pocas cosas mejores que un buen bocadillo. Pero tirar de pan de molde industrial es lo menos parecido a algo apetecible, así que volvemos a los clásicos caseros que tanto han triunfado en años anteriores: el mollete.
Tierno, esponjoso, sabroso y combina fácilmente con cualquier relleno, es el pan ideal para un bocadillo individual. El clásico de embutido, novedoso como el aguacate con cosas, o innovador con lo que se te ocurra. Veamos el proceso según las enseñanzas de Iban Yarza.
Hoy he comenzado con el prefermento con harina, agua y levadura.
Después de unas tres horas fermentando, ha tocado mezclar los ingredientes (harina, agua, sal, aceite o manteca, levadura y el prefermento), dejar reposar la mezcla y amasar unos minutos en la amasadora hasta conseguir una masa brillante y suave.
Después la masa ha podido fermentar a gusto un par de horas tapando el bol con un gorro de ducha (el mejor amigo del panadero casero).
Una vez la masa ha fermentado lo necesario, la he pasado a la mesa para hacer porciones del tamaño deseado, unos 80 gramos en este caso. He tomado las porciones, haciendo un atillo con ellas, les he dado forma de bola y las he puesto con el pliegue abajo sobre la encimera enharinada. Así hasta tener todos los molletes de la hornada.
Cuando las bolas han reposado unos 10 minutos, las he pasado al papel de horno y las he ido aplastando con cuidado para no desgarrarlas, pero para darles una estructura y dimensión plana. Una vez aplanadas, las tapo con un trapo para que fermenten otra horita, hasta que al tocarlas con el dedo, no se recupere la forma.
Mientras fermentan por segunda vez las bolas de masa, he preparado el horno con una bandeja donde poner agua para generar vapor. El horno se precalienta a 200º.
Una vez que las bolas han fermentado, es el momento de hornearlas, unos 10-12 minutos, vertiendo un vaso de agua en la bandeja del horno. Esto generará vapor y hace que no se rompan los molletes.
Sigue siendo mágico ver cómo se van hinchando los molletes. Pura maravilla. Y lo mejor es poder disfrutarlos bien tiernos, recién hechos. Tenía pensado guardar la mayoría congelados, pero la reserva ha disminuido muchísimo nada más verlos. ¡Me ha costado mantenerlos todos intactos para la foto final de la hornada!
Definitivamente, el esfuerzo ha merecido la pena. ¡Están riquísimos! 24 molletes como 24 soles, y con la pega de que nunca duran demasiado. Tendré que plantearme hacerlos ¿de 48 en 48, quizá? ¿Alguien se anima a compartilos?