Introducción: La Paradoja Peronista — Entre el Anticomunismo y la Revolución
La figura de Juan Domingo Perón y su movimiento político, el peronismo, constituyen uno de los fenómenos más complejos y estudiados de la historia latinoamericana del siglo XX. En el centro de esta complejidad yace una profunda paradoja, manifestada de manera paradigmática en su relación con el comunismo. A lo largo de su extensa carrera política, Perón fue objeto de acusaciones contradictorias, siendo tildado simultáneamente de "nazi fascista comunista demagogo" por sus oponentes.1 Él mismo, sin embargo, articuló una identidad política definida por la negación de las ideologías dominantes de la Guerra Fría, declarando enfáticamente: "No soy partidario del capitalismo ni del comunismo".2 Esta aparente contradicción plantea una pregunta fundamental: ¿cuál fue la verdadera posición de Perón frente al comunismo?
Responder a esta pregunta exige ir más allá de una simple recopilación de citas. Implica desentrañar una praxis política que operó en múltiples niveles, a menudo de forma simultánea y conflictiva. Por un lado, Perón desarrolló un sofisticado andamiaje doctrinal —la "Tercera Posición"— que presentaba al Justicialismo como una superación humanista y cristiana de los materialismos capitalista y comunista. Por otro lado, durante sus primeros gobiernos, ejerció una represión sistemática y pragmática contra el Partido Comunista Argentino, disputándole ferozmente la hegemonía sobre la clase trabajadora. Décadas más tarde, desde su exilio, adoptaría un discurso revolucionario y antiimperialista que lo convertiría en el líder indiscutido de una juventud radicalizada, incluyendo a organizaciones guerrilleras como Montoneros, fuertemente influenciadas por el marxismo. Este ciclo culminaría trágicamente con su regreso al poder y la violenta expulsión de estos mismos sectores, a quienes terminaría por calificar de "infiltrados".
Este informe se propone analizar de manera exhaustiva esta trayectoria, argumentando que la postura de Perón sobre el comunismo no fue una posición ideológica estática, sino una estrategia dinámica y multifacética. Dicha estrategia se compuso de tres elementos interconectados: una convicción doctrinal genuina en la Tercera Posición como un camino nacional y popular; un pragmatismo político implacable, orientado a la consolidación y el mantenimiento del poder absoluto; y una notable capacidad de adaptación retórica para responder a las cambiantes coyunturas nacionales e internacionales. El análisis se estructurará cronológicamente en tres partes, examinando su ascenso y primeros gobiernos (1943-1955), su largo exilio (1955-1973) y su retorno final al poder (1973-1974). A través de este recorrido, se buscará demostrar cómo la misma figura que reprimió al comunismo con la fuerza del Estado pudo, años después, encarnar la esperanza de una revolución socialista para toda una generación, revelando las profundas tensiones que definen la esencia misma del peronismo.
Parte I: La Fundación Doctrinal y la Realidad Política (1943-1955)
Durante su primer período de influencia y poder, que abarca desde su rol en el gobierno militar de 1943 hasta su derrocamiento en 1955, Juan Domingo Perón construyó simultáneamente dos frentes en su relación con el comunismo. En el plano teórico, erigió un complejo y coherente edificio doctrinal —la Tercera Posición— que no solo rechazaba al comunismo, sino que pretendía superarlo a través de la justicia social. En el plano práctico, sin embargo, desplegó todo el aparato del Estado para neutralizar y reprimir al Partido Comunista Argentino (PCA), al que veía no tanto como un enemigo ideológico, sino como un rival directo en la lucha por el control de la clase obrera, la base fundamental de su poder. Esta dualidad entre una sofisticada teoría y una pragmática implacable define la primera etapa de su postura.
1.1. La Génesis de la "Tercera Posición": Una Doctrina Más Allá del Capitalismo y el Comunismo
La "Tercera Posición" fue la piedra angular de la doctrina peronista, concebida en un mundo de posguerra que parecía inexorablemente dividido entre dos polos: el "individualismo capitalista" de Washington y el "colectivismo comunista" de Moscú.2 Lejos de ser un mero centrismo o una política de no alineación, Perón la presentó como una cosmovisión integral y superadora, una síntesis ideológica con fundamentos filosóficos, antropológicos y socioeconómicos propios. No era una posición intermedia, sino una alternativa fundamental que buscaba trascender lo que Perón consideraba los errores materialistas de ambos sistemas.
Desde el punto de vista filosófico, la doctrina justicialista se definió como un "realismo" que buscaba la "armonía entre los opuestos", evitando los extremos del idealismo puro y el materialismo dialéctico.3 Su principio rector era que "la única verdad es la realidad", una máxima que le permitía una gran flexibilidad táctica, afirmando que la posición del justicialismo podía estar "en el centro, a la izquierda o a la derecha según los hechos".2
Antropológicamente, la Tercera Posición se erigía sobre una concepción humanista y cristiana del ser humano. Rechazaba tanto la visión del hombre como un individuo atomizado y egoísta, propia del liberalismo, como la del hombre como una pieza insignificante de un engranaje colectivo, que atribuía al comunismo.4 En el núcleo de la doctrina se encontraba la afirmación de que "El hombre está sobre los sistemas y las ideologías".5 El Justicialismo proponía un ser humano integral, una "armonía de materia y espíritu", cuya dignidad era el principio fundamental.3 Esta concepción era la base de la justicia social, que buscaba crear una "Comunidad Organizada" donde el individuo pudiera realizarse plenamente sin entrar en conflicto con el bien común.
En el plano socioeconómico, esta filosofía se traducía en una "economía social" que buscaba un equilibrio entre la libre iniciativa y la planificación estatal.3 El objetivo era poner el capital al servicio de la economía y la economía al servicio del bienestar social, evitando tanto la explotación del hombre por el hombre, característica del capitalismo desenfrenado, como la explotación del hombre por el Estado, que consideraba el resultado del comunismo.3
Este andamiaje doctrinal no era un mero ejercicio intelectual; constituía un poderoso proyecto de construcción nacional. En el contexto de la Guerra Fría, que exigía a las naciones alinearse con uno de los dos bloques hegemónicos, la Tercera Posición representaba una audaz declaración de independencia ideológica. Al rechazar ambos modelos como foráneos e imperfectos, Perón argumentaba que Argentina no necesitaba importar soluciones políticas, sino que podía y debía forjar su propio destino a través de una doctrina auténticamente nacional: el Justicialismo. Esta postura le permitió unificar a sectores muy diversos de la sociedad —trabajadores, militares, facciones de la Iglesia, industriales nacionalistas— en torno a un proyecto común de soberanía política, independencia económica y justicia social, los tres pilares del movimiento.6 De esta manera, la Tercera Posición se convirtió en una herramienta formidable para la movilización de masas y la consolidación de su liderazgo, definiendo a toda oposición, ya fuera liberal o comunista, como inherentemente "antiargentina" y servil a intereses extranjeros.
1.2. El Comunismo como Síntoma, la Justicia Social como Cura
El argumento más consistente y elaborado de Perón contra el comunismo no se basaba en una crítica dogmática de la teoría marxista, sino en un diagnóstico sociopolítico. Para él, el comunismo no era la causa de los males del mundo, sino un síntoma, un efecto predecible de una enfermedad más profunda: la injusticia social generada por el capitalismo explotador. Esta idea, repetida a lo largo de su carrera, fue la clave de su anticomunismo doctrinal. En una de sus formulaciones más claras, afirmó: "...pensamos que los abusos del capitalismo son la causa y el comunismo el efecto. Sin capitalismo el comunismo no tendría razón de ser".8
Desde esta perspectiva, combatir al comunismo con represión era una estrategia inútil y contraproducente, equivalente a tratar los síntomas sin atacar la enfermedad. La única forma eficaz de derrotarlo, sostenía Perón, era con una doctrina superior que eliminara sus causas profundas.9 La "cura" que proponía era, por supuesto, la justicia social justicialista. Al garantizar salarios justos, acceso a la vivienda, salud, educación y, sobre todo, la dignidad del trabajador, el Estado peronista buscaba eliminar las condiciones de miseria y desesperación que hacían atractiva la promesa de una revolución comunista. Perón argumentaba que un trabajador que era dueño de su casa, que tenía seguridad social y que podía mantener a su familia con dignidad, no tendría ningún interés en la prédica comunista que proponía la abolición de la propiedad privada. Según sus propios escritos, la implementación de estas políticas logró que "el comunismo no tenía razón de ser y la gente del Pueblo llegó a reírse, como nos reíamos nosotros, de su prédica".9
Este planteamiento trascendía la retórica y se convertía en una herramienta política de doble filo. Por un lado, legitimaba su ambicioso programa de reformas sociales ante las masas, presentándolo no solo como un acto de justicia, sino como la defensa de la nación contra una amenaza externa. Por otro lado, era una advertencia pragmática a las élites económicas y conservadoras del país. En un célebre discurso de 1944 ante la Bolsa de Comercio, Perón les dijo a los empresarios que si querían evitar la revolución comunista, debían aceptar y colaborar con sus reformas, entendiendo que era necesario "entregar parte de sus ganancias" para preservar el sistema en su conjunto.10
La estrategia de Perón puede ser entendida como una forma de "vacuna social". En lugar de simplemente reprimir el "contagio" comunista, su proyecto buscaba "inocular" a todo el cuerpo social con dosis de justicia y bienestar. Esta "vacuna" no solo fortalecía a la población contra la "enfermedad" revolucionaria, sino que también creaba un vínculo de lealtad y dependencia hacia el "médico" que la administraba: el propio Perón y el Estado justicialista. Al posicionarse como el único capaz de garantizar la salud social y proteger a la nación de la plaga marxista, marginaba a todos los demás actores políticos, especialmente al Partido Comunista, que quedaba despojado de su principal bandera: la defensa de los desposeídos.
1.3. El Estado contra el Partido: La Pragmática de la Represión
La sofisticada teoría de la "vacuna social" contrasta violentamente con la realidad de la práctica política del primer peronismo. Mientras Perón disertaba sobre la inutilidad de la fuerza para combatir ideas, su gobierno desplegaba una campaña sistemática y, a menudo, brutal para erradicar la influencia del Partido Comunista Argentino (PCA). Esta contradicción revela que, para Perón, el comunismo era menos un problema filosófico que un obstáculo pragmático para la consolidación de su poder absoluto. La lucha no era tanto ideológica como por la hegemonía total sobre la clase trabajadora argentina, el pilar fundamental de su movimiento.
El conflicto se gestó incluso antes de que Perón asumiera la presidencia. Desde su puesto en la Secretaría de Trabajo y Previsión a partir de 1943, su objetivo fue unificar al fragmentado movimiento obrero bajo una estructura sindical leal al Estado y a su liderazgo.10 El PCA, con una larga tradición de militancia y una fuerte presencia en sindicatos clave, representaba el principal desafío a este proyecto hegemónico.12 La respuesta de Perón fue una combinación de cooptación y "aplastamiento".14
Según diversos testimonios y análisis históricos, las ofertas iniciales de Perón a los dirigentes comunistas fueron recibidas con una "cerrada intransigencia", en gran parte debido a la línea del comunismo internacional que calificaba al peronismo como una forma de fascismo.14 Esta negativa a subordinarse desencadenó "la represión más implacable".14 Los métodos fueron variados y sistemáticos:
- Represión policial y detenciones masivas: Desde 1943, se llevaron a cabo arrestos generalizados de militantes comunistas. Algunas fuentes hablan de hasta 3.500 presos entre el partido y su juventud para principios de 1946.14 Se crearon secciones especiales en la policía dedicadas a la persecución de comunistas, y se utilizaron decretos como el 536/45 de "Represión de Delitos contra la Seguridad del Estado" para encarcelar a militantes y huelguistas.14
- Clausura de medios y locales: La prensa comunista, incluyendo periódicos como La Hora y Orientación, fue sistemáticamente clausurada, y sus locales fueron allanados y cerrados.14
- Intervención de sindicatos: El gobierno intervino numerosos sindicatos para desplazar a las directivas comunistas o socialistas y reemplazarlas por dirigentes leales al peronismo.13
El propio PCA facilitó, en parte, su propia neutralización. Al adherir rígidamente a la estrategia antifascista dictada desde el exterior, cometieron el error estratégico de unirse a la "Unión Democrática" en las elecciones de 1946, una coalición heterogénea que incluía a los partidos Radical, Socialista y Conservador, y que contaba con el apoyo explícito del embajador estadounidense, Spruille Braden.10 Esta alianza permitió a Perón enmarcar la elección en la contundente disyuntiva "Braden o Perón".17 Al alinearse con la oligarquía y los intereses extranjeros, el PCA se divorció de la base trabajadora, que percibió masivamente a Perón como el defensor de sus intereses y de la soberanía nacional. Esta decisión catastrófica le proporcionó a Perón la justificación perfecta para presentarlos no como defensores de los trabajadores, sino como traidores a la patria y a su clase, aislando al partido y legitimando la represión en su contra.
A pesar de la dureza de la persecución, la relación fue compleja. El PCA no fue formalmente ilegalizado durante todo el período y se le permitió participar en las elecciones, aunque en condiciones de extrema precariedad y hostigamiento.18 Esto sugiere que Perón prefería mantener al partido en un estado de legalidad vigilada, utilizándolo como un enemigo visible para movilizar a sus propias bases y reforzar su imagen de defensor de la nación contra las "ideologías foráneas".
Tabla 1: La Paradoja Peronista: Discurso vs. Acción sobre el Comunismo (1946-1955)
| Posición Doctrinal (El Discurso) | Acción de Gobierno (La Realidad) |
|---|---|
| "Los abusos del capitalismo son la causa y el comunismo el efecto. Sin capitalismo el comunismo no tendría razón de ser".8 | Represión sistemática de líderes sindicales comunistas que se negaron a subordinarse al liderazgo de Perón.14 |
| La lucha contra el comunismo no debe ser con la fuerza, sino con una doctrina superior que garantice la justicia social.9 | Arrestos masivos de militantes; se mencionan 3.500 presos entre 1943-1946.14 |
| "El Justicialismo capitaliza al pueblo... En estas condiciones, el comunismo no tenía razón de ser y la gente del Pueblo llegó a reírse de su prédica".9 | Clausura y supresión de la prensa del PCA, incluyendo los periódicos La Hora y Orientación.14 |
| Se critica a quienes "simulan ser anticomunistas" pero en realidad sirven a los intereses de esa ideología al oponerse a las reformas sociales.9 | Creación de secciones especiales de la policía y uso de decretos represivos (Decreto 536/45) para encarcelar a opositores.14 |
| La Tercera Posición se define como un camino humanista y cristiano, superior a los materialismos de ambos extremos.3 | Intervención estatal en los sindicatos para desplazar a las dirigencias comunistas y consolidar una estructura gremial leal al gobierno.13 |
Parte II: El Conductor en el Exilio — Adaptación y Radicalización (1955-1973)
El derrocamiento de Perón en 1955 y su posterior exilio de casi dieciocho años no marcaron el fin de su influencia política, sino el comienzo de una notable transformación. Desde su residencia en diferentes países, culminando en Madrid, Perón dirigió la "Resistencia Peronista" y demostró una extraordinaria capacidad para adaptar su discurso a un nuevo escenario global y nacional. Durante este período, modificó hábilmente su mensaje, alineándolo con los emergentes movimientos de liberación del Tercer Mundo y el espíritu antiimperialista de la época. Esta evolución le permitió capturar la energía revolucionaria de una nueva generación de militantes y convertirla en la fuerza de choque que, en última instancia, posibilitaría su regreso al poder.
2.1. "La Hora de los Pueblos": Un Nuevo Discurso para una Nueva Era
El exilio fue un período de intensa producción intelectual para Perón. En obras como La Hora de los Pueblos (1968), una reelaboración de su texto anterior Latinoamérica: Ahora o nunca, actualizó su doctrina para dialogar con las nuevas realidades políticas de los años sesenta.19 El cambio más significativo fue un deliberado desplazamiento del eje del conflicto mundial. Si en los años cuarenta y cincuenta el antagonismo principal era entre el capitalismo y el comunismo, en sus escritos del exilio, la contradicción fundamental pasó a ser la que oponía a los "pueblos" y las "naciones" contra los "imperialismos".20
En este nuevo marco, Perón ya no hablaba de un mundo bipolar dividido por la Cortina de Hierro, sino de un mundo dividido entre el Norte opresor y el Sur oprimido. La Tercera Posición fue redefinida y equiparada al movimiento del Tercer Mundo.21 El dilema ya no era "comunismo o capitalismo", sino "liberación o neocolonialismo".19 Dentro de esta nueva cartografía política, Perón comenzó a citar como ejemplos de la lucha por la liberación a líderes tan diversos como Mao en Asia, Nasser en África, De Gaulle en Europa y, significativamente, Fidel Castro en América Latina.19
Este reconocimiento de líderes y movimientos comunistas o de inspiración marxista no significó una conversión ideológica de Perón. Más bien, fue una brillante maniobra estratégica. Al elogiarlos, no estaba adoptando su ideología, sino incluyéndolos en su propia categoría más amplia: la de líderes de movimientos de liberación nacional que se enfrentaban al imperialismo, principalmente al yanqui. Desde su perspectiva, la lucha de Castro contra Estados Unidos era una manifestación del mismo principio de soberanía nacional que él había defendido. Esta reinterpretación le permitió al peronismo, proscrito y perseguido en Argentina, reinsertarse en el escenario global no como un remanente del fascismo europeo, sino como un movimiento de vanguardia en la lucha anti-colonial.
Esta adaptación discursiva fue un acto de "re-semantización" del concepto de "revolución". Durante su gobierno, la "Revolución Justicialista" había sido un proceso de transformación pacífica dirigido desde el Estado. En los años sesenta, en un continente marcado por la Revolución Cubana y el surgimiento de guerrillas, Perón adoptó el lenguaje de la revolución armada y la lucha popular. No obstante, se cuidó de vaciar este lenguaje de su contenido específicamente marxista (lucha de clases, dictadura del proletariado) para rellenarlo con los significantes peronistas (unidad nacional, liberación de la dependencia, justicia social). Esta operación lingüística fue clave: permitió que una nueva generación de jóvenes, formados en el marxismo y la teoría de la dependencia, pudiera identificarse como peronista y ver en Perón al líder natural de la revolución argentina. Mientras tanto, desde su entorno en la España franquista, sus allegados lo seguían viendo como el hombre que había logrado "dejar fuera de juego al socialismo y al comunismo de corte europeo" 22, evidenciando la calculada ambigüedad de su estrategia.
2.2. Las "Formaciones Especiales": Un Abrazo Estratégico a la Izquierda Peronista
La actualización doctrinaria del exilio tuvo una consecuencia práctica fundamental: la formación de un vínculo estratégico entre Perón y la nueva izquierda radicalizada que surgía en Argentina. Esta "juventud maravillosa", como él la llamaba, estaba compuesta por jóvenes de clase media y universitarios que, en el contexto de dictaduras militares y la proscripción del peronismo, veían en la lucha armada el único camino posible para el cambio social y el retorno del líder.23 Organizaciones como Montoneros, con una ideología sincrética que mezclaba nacionalismo católico, peronismo y tácticas marxista-leninistas, llegaron a concebir su proyecto de "socialismo nacional" como la "conclusión última de la doctrina peronista".25
Desde Madrid, Perón alentó y cultivó esta efervescencia revolucionaria. En sus cartas, directivas y entrevistas, se refirió a estos grupos armados como las "formaciones especiales" del Movimiento Peronista, legitimando sus acciones como parte de la larga guerra de resistencia contra la dictadura. Esta relación, sin embargo, fue profundamente instrumental. Perón entendía que la Resistencia Peronista, en sus formas más tradicionales (sindical, política), no era suficiente para desestabilizar a un régimen militar cada vez más represivo. Necesitaba una fuerza de choque, un elemento de presión violenta que hiciera insostenible la situación y presentara su regreso como la única solución posible para pacificar el país. La izquierda peronista cumplió ese rol a la perfección.
La comunicación de Perón con estos grupos fue un modelo de ambigüedad calculada. Jamás condenó explícitamente la violencia que ejercían; por el contrario, la enmarcó en el contexto de una "guerra popular" contra la "tiranía". Les permitió creer que él compartía su objetivo final de una "Patria Socialista", un término que él mismo había comenzado a utilizar, aunque con un significado muy diferente al de ellos. Sin embargo, en privado, su visión era otra. Años después, confesaría a su médico en Barcelona su verdadera preocupación por el avance de la izquierda en el movimiento: "Cámpora ha abierto las cárceles y ha infiltrado a los comunistas por todas partes".27 Esta declaración, hecha antes de su regreso definitivo, revela que el abrazo a la izquierda revolucionaria fue siempre una táctica, una alianza temporal con un sector que consideraba útil para sus fines, pero que en última instancia veía como una infiltración ajena a la verdadera esencia de su doctrina.
Parte III: El Acto Final — El Conductor y los "Infiltrados" (1973-1974)
El regreso de Juan Domingo Perón a la Argentina en 1973 marcó el inicio del trágico y violento desenlace de su compleja estrategia. La calculada ambigüedad que le había permitido unificar desde el exilio a un movimiento profundamente heterogéneo se reveló insostenible una vez que asumió nuevamente el poder. La coalición que incluía desde la derecha sindical ortodoxa hasta la izquierda guerrillera revolucionaria se fracturó de manera inmediata y espectacular. En esta etapa final, Perón abandonó su retórica revolucionaria para reafirmar su rol de "Conductor" y árbitro supremo, purgando violentamente a los mismos sectores de izquierda que habían sido fundamentales para facilitar su retorno.
3.1. El Regreso y el Ajuste de Cuentas
Desde el momento en que pisó suelo argentino, Perón comenzó a ejecutar un claro giro hacia la derecha y la ortodoxia del movimiento. La breve presidencia de Héctor J. Cámpora, un leal que había sido el candidato del peronismo en las elecciones de marzo de 1973 y que era visto con simpatía por los sectores juveniles, fue rápidamente terminada. Perón forzó su renuncia, considerando que su gobierno había permitido una excesiva "infiltración" de la izquierda en el aparato estatal.27 Este fue el primer acto de un ajuste de cuentas que se intensificaría en los meses siguientes.
Una vez en la presidencia, Perón se apoyó de manera decisiva en los pilares tradicionales de su poder: la burocracia sindical, liderada por figuras como José Ignacio Rucci, y el ala política más conservadora del peronismo, encarnada por su esposa, Isabel Martínez, y su influyente ministro de Bienestar Social, José López Rega. Su discurso público abandonó las consignas de "liberación" y "socialismo nacional" para centrarse en la necesidad de "reconstrucción nacional", orden y disciplina.
La izquierda peronista, que había luchado por el "Perón vuelve" creyendo que esto inauguraría la "Patria Socialista", se encontró repentinamente marginada y señalada como el nuevo enemigo interno. Perón comenzó a referirse a ellos como "infiltrados", "mercenarios al servicio de intereses foráneos" y elementos que pretendían "deformar" la doctrina justicialista desde adentro.28 En un mensaje de 1973, llamó a "neutralizar a los que pretenden deformarlo desde abajo o desde arriba" y reafirmó la ortodoxia doctrinal de manera tajante: "NOSOTROS SOMOS JUSTICIALISTAS. [...] SOMOS LO QUE LAS VEINTE VERDADES PERONISTAS DICEN".28 Esta era una declaración de guerra ideológica: cualquier intento de sintetizar el peronismo con el marxismo era, a partir de ese momento, considerado una traición. La derecha peronista, que se definía precisamente por su rechazo a cualquier vínculo con el marxismo y su lealtad incondicional al líder, se vio validada y empoderada por el propio Perón.29 En sus discursos previos al 1 de mayo de 1974, ya advertía que superaría la "subversión" y aislaría a los "violentos y a los inadaptados", a quienes prometía combatir y derrotar "dentro de la Constitución y la ley".27 El escenario para la ruptura final estaba preparado.
3.2. 1 de mayo de 1974: La Expulsión de la Plaza
El acto del Día del Trabajador en la Plaza de Mayo en 1974 fue el escenario elegido por Perón para oficializar, de la manera más pública y humillante posible, la ruptura definitiva con la izquierda de su movimiento. Lo que debía ser una fiesta popular se convirtió en un campo de batalla simbólico y verbal que marcaría un punto de no retorno en la historia del peronismo.
La plaza estaba visiblemente dividida. Por un lado, las columnas de los sindicatos ortodoxos; por otro, las multitudinarias columnas de Montoneros y la Juventud Peronista (JP).30 El aire estaba cargado de tensión, materializada en una guerra de cánticos que reflejaba la fractura ideológica. La izquierda coreaba "¡Perón, Evita, la Patria Socialista!", a lo que la ortodoxia respondía "¡Perón, Evita, la Patria Peronista!". La confrontación escaló con consignas que interpelaban directamente al líder: "¿Qué pasa, General, que está lleno de gorilas el gobierno popular?".30
Cuando Perón apareció en el balcón de la Casa Rosada, su discurso no fue conciliador, sino una diatriba calculada contra los sectores juveniles. Visiblemente enojado, comenzó elogiando a las "organizaciones sindicales" que se habían mantenido "inconmovibles" durante los veinte años de proscripción, "pese a estos estúpidos que gritan".30 La elección de la palabra "estúpidos" fue la primera de una serie de descalificaciones directas. El golpe de gracia llegó a continuación, cuando acusó: "Ahora resulta que algunos imberbes pretenden tener más méritos que los que lucharon durante veinte años".27
El término "imberbes" (sin barba, en alusión a su juventud) fue un insulto de una carga simbólica devastadora. No fue una simple descalificación, sino un acto deliberado de infantilización y desautorización política. Con esa palabra, Perón no solo negaba la legitimidad de su lucha, sino que los despojaba de su madurez y seriedad política, reduciendo su proyecto revolucionario a un capricho juvenil. Era la restauración brutal de la autoridad paternal. Perón, el "padre" del movimiento, el "Conductor", estaba simbólicamente desheredando a sus "hijos" rebeldes, aquellos que habían osado interpretar la doctrina por sí mismos y pretendían llevarla hacia un destino que él no autorizaba. Su discurso fue una reafirmación de que en el peronismo solo había un intérprete válido de la doctrina: él mismo.
La respuesta de Montoneros y la JP fue inmediata. Ante la humillación pública, sus líderes ordenaron la retirada de la plaza. Mientras abandonaban el lugar que sentían haber conquistado con su lucha, sus cánticos reflejaron la profundidad de la ruptura y el dolor de la traición, llegando a gritos como "¡Aserrín, aserrán, es el Pueblo que se va!".30 La fractura era total e irreversible. El acto del 1 de mayo no solo marcó el fin de la alianza táctica entre Perón y la izquierda peronista; fue la declaración de una guerra interna que se cobraría miles de vidas en los años siguientes, con el accionar de la guerrilla por un lado y la represión paraestatal de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), amparada por el ala derecha de su gobierno, por el otro.29
Conclusión: Un Legado de Ambigüedad Estratégica
El análisis de la larga y sinuosa relación de Juan Domingo Perón con el comunismo revela una postura que desafía cualquier categorización simple. No fue un anticomunista dogmático en la línea de la derecha tradicional argentina, ni un revolucionario socialista como pretendía la izquierda de su movimiento. Su posición fue, en esencia, una manifestación de su proyecto político fundamental: la construcción y conducción de un movimiento nacionalista y popular capaz de erigirse como el árbitro de la vida política argentina. El comunismo, en sus diversas formas, fue evaluado y tratado siempre en función de cómo afectaba a este proyecto central.
La trayectoria de Perón demuestra una notable coherencia en la subordinación de la ideología a la estrategia. Su anticomunismo doctrinal, articulado en la Tercera Posición, fue sincero en su rechazo a los fundamentos materialistas del marxismo y en su propuesta de la justicia social como la única solución duradera. Sin embargo, esta convicción convivió sin conflicto aparente con un pragmatismo implacable que lo llevó a reprimir al Partido Comunista cuando este se interpuso en su camino por la hegemonía del movimiento obrero. Su anticomunismo, a diferencia del de la derecha oligárquica, no buscaba preservar un orden social excluyente, sino construir uno nuevo, inclusivo, pero bajo su control absoluto.31
Décadas más tarde, su adopción de una retórica revolucionaria y antiimperialista durante el exilio no representó una conversión ideológica, sino una adaptación estratégica a un nuevo contexto. Perón comprendió que la energía de la nueva izquierda radicalizada era un activo político demasiado valioso como para dejarlo en manos de sus enemigos. La cooptó, la alentó y la utilizó como un ariete para forzar su regreso al poder, demostrando una flexibilidad táctica extraordinaria.
El trágico final de esta relación, con la expulsión de la izquierda peronista en 1974, fue la consecuencia inevitable de esta ambigüedad estratégica. Una vez alcanzado el poder, la necesidad de gobernar y unificar el país bajo un único mando hizo insostenible la convivencia de proyectos tan antagónicos dentro del mismo movimiento. Perón, fiel a su rol de "Conductor", optó por la ortodoxia y purgó a quienes consideraba una desviación "infiltrada".
En última instancia, el legado de Perón en su relación con el comunismo es el de una profunda ambigüedad. Su genio político residió en su capacidad para crear una identidad, el peronismo, lo suficientemente vasta y flexible como para contener estas contradicciones monumentales. Pudo ser, al mismo tiempo, el líder que reprimió al comunismo en nombre del orden nacional y el ícono que inspiró a una generación de revolucionarios en nombre de la liberación. La tragedia del peronismo, y de Argentina, es que esta misma ambigüedad, que fue la fuente de su inmenso poder de convocatoria a mediados del siglo XX, se convirtió en el germen de su violenta y autodestructiva fractura en la década de 1970. Su objetivo final nunca fue ni el capitalismo liberal ni el socialismo marxista, sino una Argentina justicialista, un proyecto nacional soberano que, en su visión, haría irrelevantes a las dos grandes potencias y sus ideologías en el destino del país.
Fuentes citadas
- Perón responde: "nazi fascista comunista demagogo", la masa 'bárbara' y el nombre 'Justicialismo' - YouTube, acceso: septiembre 10, 2025,
- “No soy partidario del capitalismo ni del comunismo”: el plan de ..., acceso: septiembre 10, 2025, https://www.infobae.com/sociedad/2021/12/13/no-soy-partidario-del-capitalismo-ni-del-comunismo-el-plan-de-peron-para-fundar-la-tercera-posicion/
- 3.0.1.- LA DEFINICIÓN DE DOCTRINA PERONISTA O ..., acceso: septiembre 10, 2025, https://www.escuelasuperiorperonista.com/doc/3.0.1.PRIMER.NIVEL.DOCTRINA.pdf
- ensayo historico - “juan domingo peron: - su pensamiento” - UPCN, acceso: septiembre 10, 2025, https://www.upcndigital.org/files/publicaciones/1/292-JuanDomingoPer%C3%B3n:SUPENSAMIENTO.pdf
- TERCERA POSICION y TERCER MUNDO - Historia del Peronismo, acceso: septiembre 10, 2025, https://historiadelperonismo.com/?p=7960
- Partido Justicialista - Wikipedia, la enciclopedia libre, acceso: septiembre 10, 2025, https://es.wikipedia.org/wiki/Partido_Justicialista
- La Trinchera Letrada - XII. La Tercera Posición - Ariadna Ediciones, acceso: septiembre 10, 2025, https://books.openedition.org/ariadnaediciones/249?lang=en
- El Peronismo y la búsqueda de la autonomía - La presente ponencia pretende reseñar un importante aspecto de la política exterior desarrollada por Argentina durante los úl, acceso: septiembre 10, 2025, https://www.iri.edu.ar/publicaciones_iri/IRI%20COMPLETO%20-%20Publicaciones-V05/CD-%20Cerpi/Trabajos/Chk/T%20Oddone_Granato.pdf
- Escritos de Perón sobre el Comunismo - PERON ...Vence al tiempo, acceso: septiembre 10, 2025, https://www.peronvencealtiempo.com.ar/peron/textos-de-peron/180-escritos-de-peron-sobre-el-comunismo.html
- El primer peronismo, EXPLICADO: los inicios de Perón, el 17 de octubre, conflictos con la Iglesia - YouTube, acceso: septiembre 10, 2025,
- Juan Domingo Perón, por Felipe Pigna - El Historiador - elhistoriador, acceso: septiembre 10, 2025, https://elhistoriador.com.ar/juan-domingo-peron-por-felipe-pigna/
- Perón y el Comunismo | El blog de emilio ocampo - WordPress.com, acceso: septiembre 10, 2025, https://emilioocampoblog.wordpress.com/2019/05/15/peron-y-el-comunismo/
- 4 de junio de 1946: el primer gobierno de Perón - Prensa Obrera, acceso: septiembre 10, 2025, https://prensaobrera.com/aniversarios/4-de-junio-de-1946-el-primer-gobierno-de-peron
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- El peronismo en los debates del Partido Comunista Argentino: 1945-1953 - A Contracorriente: una revista de estudios latinoamericanos, acceso: septiembre 10, 2025, https://acontracorriente.chass.ncsu.edu/index.php/acontracorriente/article/download/222/498/0
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- La tarde en que Perón rompió con los Montoneros, los echó de la Plaza de Mayo y los trató de “estúpidos” e “infiltrados” - Infobae, acceso: septiembre 10, 2025, https://www.infobae.com/sociedad/2023/05/01/la-tarde-en-que-peron-rompio-con-los-montoneros-los-echo-de-la-plaza-de-mayo-y-los-trato-de-estupidos-e-infiltrados/
- Discurso de Juan Domingo Perón, año 1973 - PJ Bonaerense, acceso: septiembre 10, 2025, https://www.pjbonaerense.org.ar/discurso-de-juan-domingo-peron-ano-1973/
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- Las derechas nacionalistas frente al peronismo - Prismas - Revista ..., acceso: septiembre 10, 2025, https://prismas.unq.edu.ar/OJS/index.php/Prismas/article/download/Lvovich_prismas24/1490/2542