Un cúmulo de experiencias, puertas abiertas, brazos cruzados. La prudencia deja de ser una gran cualidad para convertirse en un modo cotidiano de relacionarse. Lo bueno y lo malo se relativizan, solo queda el empeño por invitar siempre a ser felices. Las risas se hacen más recatadas, la sobriedad la dueña de las noches. La alegría de despertar es suficiente para todo el dia.
Con los más chicos, aunque no parezca, se tienen cosas en común, entre ellas aquel invento de 1925, el televisor. A viejos y jóvenes aún les atrae sus colores, sus imágenes y sus sonidos, pero también se vuelve común la inocencia aunque en diversos modos, la fragilidad física y emocional, la dependencia de otro y más importante aún la capacidad de inspirar ternura, cariño y consuelo.
Muchos caminos ya fueron andados, muchos montes cruzados y muchas calles fueron inauguradas, aun queda camino por andar, quizás ya no tan de pie, quizás se necesiten más de dos pies para andarlos, pero nadie caminó las calles como tú, nadie cruzó los montes con tu fuerza y con tu ímpetu, aun así estas de pie, quizás porque antes se nacía así.