Saludos STEEMITNIANOS, espero la estén pasando bien. En esta oportunidad compartiré con ustedes el retrato de una nostalgia, se trata de los vestigios de una antigua casa que descubrí en las montañas sanareñas, en pleno bosque, me dijo tanto, con su silencio y su pasado esplendor, restos quizás de glorias que ya no están. Expuesta toda con su esqueleto y arterias de Bahareque, alegoría a la intemperie.
Hoy día la bioconstrucion puede ser una alternativa para tanta gente, esta se refiere y describe desde técnicas para subir los cerramientos es decir muros, hasta técnicas de elaboración de abodes, techos verdes, bloques térmicos usados en la permacultura, se construye una casa con materiales naturales sacados del propio terreno desde los cimientos hasta el techo, desmontando la lógica capitalista impuesta por muchas universidades y develando la validez, factibilidad, viabilidad e importancia de estas técnicas de construcción ancestrales.
Mi padre decía que lo que mantiene una casa viva es la gente que vive en ella, y la ama día a día, le acaricia, la sana, para recibir hay que dar, eso me decía mientras amasaba con sus morenas manos el barro con que empañetábamos alguna pared desgastada por alguna temporada de lluvia, o algún intrépido pájaro que lograba hacer su nido en nuestra pared. Hoy aunque ya no está físicamente, lo encuentro en casi todo, pero muy especialmente en la sabia mirada de los abuelos, en la picardía que chispea en sus ojos por lo vivido.
Feliz STEEMIT!!